Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

martes, 22 de abril de 2025

He Decidido No Conformarme.

 Mi nombre no importa. Digamos que soy solo una mujer con el cabello negro como la medianoche y con un alma que ha aprendido a bailar incluso cuando llueve.


No he tenido una vida trágica. Tampoco una vida perfecta. He tenido una vida... llena. Llena de todo: de errores que abracé como si fueran lecciones disfrazadas, de amores que me marcaron aunque no se quedaran, de carcajadas que dolían de tan fuertes y de llantos que lavaron partes de mí que ni sabía que estaban sucias.

Recuerdo una vez, tenía veinte y pocos años, me dejé llevar por un amor tan intenso que hasta el aire me sabía distinto. Me rompieron el corazón. Y, ¿sabes qué? No me arrepiento. Lo sentí todo. Me permití vivirlo sin anestesia, sin el “mejor me cuido para no sufrir”. ¿Sufrí? Claro. Pero también amé con una fuerza tan hermosa que no cambiaría ni una sola lágrima.

He bailado bajo la lluvia literalmente—mojada hasta los huesos, con la ropa pegada a la piel, riendo como una loca. Y también he bailado en bodas donde no conocía a nadie, solo porque la música me pedía que no me quedara quieta.

Trabajé duro, muchas veces en silencio, con las manos temblando de cansancio, pero con el alma encendida. Vi el amanecer desde oficinas vacías y también desde cimas de montañas. Lloré por cosas grandes y por tonterías, y reí hasta quedarme sin aire por un chiste tonto que alguien dijo en el bus.

¿Y sabes qué descubrí? Que la vida no es una mezcla mezquina de breves alegrías y largos sufrimientos. No. La vida es una sinfonía completa. Y yo me niego a vivirla como si fuera solo una sucesión de notas discordantes interrumpidas por algún compás feliz.

Me rebelo contra la idea de que la felicidad debe ser escasa, como si fuera un premio al que solo acceden los que sufren lo suficiente. Yo creo en la plenitud. Creo que uno puede vivir con los ojos abiertos, el corazón expuesto y el alma despierta. Que uno puede bailar, llorar y amar con la misma intensidad y no sentirse culpable por querer más, por quererlo todo.

No me conformo con una vida “suficientemente buena”. Quiero una vida vibrante, honesta, apasionada. No perfecta, pero sí auténtica. Una vida donde no me excuse por sentir demasiado, por esperar lo mejor, por no callar mi esperanza.

Y si eso es rebeldía, entonces que me llamen rebelde.

Porque he decidido no sobrevivir. He decidido vivir.

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