A ti, hermana de desvelos,
la que todavía cree que esto duele porque es amor.
No.
Duele porque es costumbre.
Duele porque él supo exactamente dónde abrirte
y tú te ofreciste con bisturí incluido.
el corazón es una perra desleal.
Ladra por cualquier sombra con voz suave,
se entrega como si no tuviera memoria,
y luego te deja sola recogiendo tripas emocionales
mientras él vuelve a latir, campante,
como si el desastre no fuera su firma.
Dicen que late por instinto. Que no piensa.
Mentira.
Piensa mal.
Piensa con capricho,
con gusto por los imposibles,
los rotos, los que huelen a abandono.
Ahí vas tú, otra vez, con tu boca roja y tu dignidad
remendada,
jugando a la mujer fuerte,
mientras la idiota que vive en tu pecho
galopa hacia la misma condena de siempre
como si el dolor esta vez fuera a florecer en algo más que ceniza.
Mírame.
Yo también fui tú.
También creí que el amor se merecía aunque doliera.
También dije “esta vez sí” con la voz hecha trizas.
Y aquí estoy.
Latiendo por reflejo,
no por fe.
Así que no me vengas con eso de que “no puedes evitarlo”.
Puedes.
Solo que no quieres.
Porque duele menos que aceptar
que él nunca te eligió como tú lo elegiste a él.
El corazón tiene voluntad propia, sí.
Pero tú tienes piernas.
Úsalas.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario