No fue solo tu
cuerpo.
Fue el modo en
que lo llamaba mío.
Tu hombro
contra el mío en la madrugada.
Tus muslos tibios,
la forma en que buscaban refugio
entre los míos.
Eso se fue.
Eso también.
Hay cosas que no puedo devolver.
El cepillo con tus cabellos.
El olor a ti en la ropa que ya no uso.
La taza con lápiz labial en el borde.
Tu risa atrapada en el eco del pasillo.
Tu nombre en mi lista de favoritos.
Tu nombre.
Tu nombre.
Te amé con esa furia callada
que sólo las mujeres conocemos,
con la ternura de las manos
que saben lo que duele.
Ahora duermo de un solo lado.
El otro me da miedo.
Porque aún guarda tu calor.
No es solo que te fuiste.
Es que me dejaste
en un mundo
donde ya no hay palabra para lo que éramos.
Nadie pregunta por ti.
Nadie dice “ella”.
Nadie sospecha que el silencio que llevo
es el duelo por una mujer.

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