Sus ojos gritan sin voz,
se apagan sin morir,lleva tormentas en el pecho,
pero aún sabe sonreír.
Camina entre ruinas internas,
con pasos que tiemblan de miedo,
la esperanza a veces la abraza,
otras, se le escapa en silencio.
Respira entre suspiros rotos,
vive muriéndose un poco,
se cae, se levanta,
se pierde... y se enfoca en lo poco.
La meta se esconde en la niebla,
el alma le pesa de más,
pero nunca detiene su paso,
aunque se arrastre en paz.
La vida le duele, y no habla,
ríe, mientras todo le quema,
niega la herida con fuerza,
se viste de luz aunque tiemble.
Porque ella, aunque nadie lo vea,
aunque el mundo le quite la calma,
lleva una guerra en su alma...
y aun así no baja las armas.

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