Todavía me daba asco el amor,
como tragar algo podrido con sonrisa de idiota,tenía tanto puto miedo
de volver a sentir esa mierda,
de inflarme de esperanzas baratas
y reanimar las mariposas muertas
que apestaban en mi estómago desde hace años.
Pero en ti vi algo distinto,
como una trampa bien disfrazada,
una mirada que sabía mentir con ternura,
una conexión tan “única”
como las excusas de todos los malnacidos anteriores.
Sí…
te vi.
Y se me fue la poca dignidad que me quedaba.
Me lancé al vacío sin paracaídas,
me arriesgué… y te quise.
Qué maldito error.
Sin casco, sin advertencias,
sin leer los términos y condiciones
del infierno emocional que eras.
Así, sin miedo al desastre,
sin protegerme del daño,
me abrí como pendeja,
como quien deja la puerta abierta
y luego se sorprende porque le roban hasta el alma.
Tú, claro…
entraste con los zapatos sucios,
te limpiaste las manos en mi pecho
y cagaste flores muertas sobre mis ilusiones.
Yo, imbécil, agradecida.
Convenciéndome de que eso era amor.
De que dolía porque valía la pena.
Pero no.
Dolía porque eras una plaga.
Y yo fui tu terreno fértil.
Ahora solo quiero desamarte.
Vaciarme de ti como vómito,
rasparme el corazón con lija,
sacarme tu nombre con cuchillo
pero del alma, no de la piel,
porque tatuaje no eras,
eras maldición con sonrisita bonita.
Sí, me arriesgué.
Me partí la madre.
Y tú ni volviste a mirar.
Qué bueno.
Porque si te veo otra vez,
te juro que me convierto en medusa.
Y esta vez, sí te electrocuto.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario