Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

lunes, 30 de junio de 2025

Te vi, y me jodí sola

 Todavía me daba asco el amor,

como tragar algo podrido con sonrisa de idiota,
tenía tanto puto miedo
de volver a sentir esa mierda,
de inflarme de esperanzas baratas
y reanimar las mariposas muertas
que apestaban en mi estómago desde hace años.

Pero en ti vi algo distinto,
como una trampa bien disfrazada,
una mirada que sabía mentir con ternura,
una conexión tan “única”
como las excusas de todos los malnacidos anteriores.

Sí…
te vi.
Y se me fue la poca dignidad que me quedaba.

Me lancé al vacío sin paracaídas,
me arriesgué… y te quise.

Qué maldito  error.
Sin casco, sin advertencias,
sin leer los términos y condiciones
del infierno emocional que eras.

Así, sin miedo al desastre,
sin protegerme del daño,
me abrí como pendeja,
como quien deja la puerta abierta
y luego se sorprende porque le roban hasta el alma.

Tú, claro…
entraste con los zapatos sucios,
te limpiaste las manos en mi pecho
y cagaste flores muertas sobre mis ilusiones.

Yo, imbécil, agradecida.
Convenciéndome de que eso era amor.
De que dolía porque valía la pena.

Pero no.
Dolía porque eras una plaga.
Y yo fui tu terreno fértil.

Ahora solo quiero desamarte.
Vaciarme de ti como vómito,
rasparme el corazón con lija,
sacarme tu nombre con cuchillo
pero del alma, no de la piel,
porque tatuaje no eras,
eras maldición con sonrisita bonita.

Sí, me arriesgué.
Me partí la madre.
Y tú ni volviste a mirar.

Qué bueno.
Porque si te veo otra vez,
te juro que me convierto en medusa.
Y esta vez, sí te electrocuto.

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