Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

jueves, 17 de julio de 2025

LO CONVERTÍ EN ORO

 Perdoné… pero no con las manos juntas,

perdoné con los dientes apretados,
con la rabia ardiendo entre los huesos,
porque entendí que mi odio era gasolina,
y yo no quería más fuego que el mío propio.

Solté… sí, pero no como esas almas blandas que hablan de paz,
solté arrancándome la piel,
desgarrando los hilos podridos que me ataban a la mierda,
tirándolos al piso, pisoteándolos con mis tacones negros,
mientras me reía como una loba que sabe que la selva es suya.

Lo entendí… pero no por sabiduría celestial,
lo entendí porque la vida me metió la cabeza en el barro,
me pateó los dientes y me dejó sin aire,
y ahí, escupiendo sangre,
vi con claridad brutal que todo lo que perdí
era basura que me estorbaba para volar.

Lo agradecí… pero no como santa,
lo agradecí maldiciando, gritando,
diciéndole al puto destino:
“Gracias por romperme, cabrón, porque ahora soy indestructible”.
Porque cuando me dejaron en ruinas,
yo construí un palacio con cada piedra que me lanzaron,
y ahora esas piedras son mi trono.

Y después…
lo convertí en oro.
No el oro suave que brilla en vitrinas,
sino el oro que se forja en fuego,
el que quema las manos de quien lo toca,
el que no se regala ni se comparte,
el oro que soy YO.

Porque, carajo, yo soy la alquimista de mi dolor,
la diosa que convierte la mierda en diamantes,
la reina que hace de las ruinas un imperio,
la perra que aprendió a ladrarle a la vida
y hacerla temblar cuando camino.

Ahora mírame,
mírame bien,
mírame con tu envidia pegajosa,
con tu odio disfrazado de consejos.
Me importa un carajo,
porque yo ya no camino,
yo floto sobre el fuego,
yo brillo como el sol después del apocalipsis,
yo soy la tormenta vestida de oro.

Perdoné, solté, lo entendí, lo agradecí,
y lo convertí en oro…
pero no por ti, ni por ellos, ni por nadie,
lo hice por mí,
por esta reina  bendita que ahora sonríe
con la boca llena de fuego y la piel hecha de gloria.




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