Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

jueves, 17 de julio de 2025

ME ARRANQUÉ EL CLAVO

 Me fui aún enamorada,

sí, me largué con el corazón sangrando,
con el veneno todavía en las venas,
con las rodillas rotas de tanto arrastrarme por tus malditos pies.

Pero me fui.
Porque, aunque doliera como un aborto del alma,
yo no nací para suplicar,
nací para mandar a la mierda lo que no me honra.

Sané sin reemplazarte,
sin buscar consuelo en brazos ajenos,
sin poner curitas sobre heridas que pedían cirugía.
Me curé a mordiscos, a golpes,
tragando la bilis de mi orgullo herido,
escupiendo pedazos de tu nombre
como espinas clavadas en mi garganta.

Saque el clavo con mis propias manos,
¡con estas manos que también saben estrangular demonios!
Me abrí la piel, metí los dedos en la carne,
arranqué el hierro oxidado que tú dejaste,
y lo tiré al piso, entre sangre y tierra,
mientras reía como una loca desatada.

¿Creíste que me ibas a quebrar?
¿Qué iba a buscar un reemplazo para olvidarte?
¡Que te follen!
Yo no cambio una herida por un parche barato,
yo no tapo huecos con cuerpos vacíos.
Yo me reconstruyo desde el fuego,
desde las cenizas,
desde el infierno donde otros se ahogarían llorando.

Y sí, me fui enamorada,
pero ¿sabes qué?
Ese amor que me arrancaba la piel
ahora me sirve para encender hogueras,
para prender cigarros con tu recuerdo,
para quemar tu fantasma hasta hacerlo polvo.

Hoy camino sola,
sin muletas, sin remiendos,
sin pedir permiso a nadie,
porque soy la jodida emperatriz de mi propio reino,
la que sangra y sonríe,
la que llora y luego se pinta los labios de rojo
para ir a conquistar el puto mundo.

Yo no nací para ser salvada,
yo nací para salvarme.
Y si alguien se atreve a volver a ponerme un clavo,
que sepa que lo arrancaré otra vez,
con mis dientes, con mis uñas,
¡con el alma si hace falta!
Porque yo no soy víctima,
yo soy tormenta,
yo soy fuego,
yo soy la perra bendita que no se deja matar,
la que convierte sus cicatrices en coronas,
la que manda al carajo todo lo que no merece su grandeza.

Así que sí, me fui aún enamorada,
pero volví siendo un maldito huracán. 
 


       

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