Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

jueves, 17 de julio de 2025

YO SOY LA MALDITA REINA DE LO QUE QUEDÓ

 Dios permite que pierdas lo que no sirve,

y yo lo entendí cuando la vida me arrancó de cuajo lo que creía eterno.
¿Dolió? ¡Como una puñalada oxidada en el alma!
Pero no me quebré.
Me tragué la sangre, me limpié las lágrimas con el dorso de la mano,
y me quedé sola, desnuda, sin nada…
y ahí descubrí algo:
soy más fuerte que todo lo que se pudrió a mi alrededor.

Perdí amores de cartón, amigos de papel,
ilusiones podridas que olían a mierda disfrazada de cielo.
Me dejaron hueca, vacía, con las costillas marcadas por el hambre,
con la garganta rota de tanto gritarle al silencio,
y aun así… seguí caminando.

¿Querías verme caer, destino hijo de puta?
¡Pues aquí estoy, erguida como una reina maldita,
con el cuello altivo y el ego ardiendo como fuego eterno!

Porque para encontrar lo que vale,
hay que quemar todo lo que pesa,
hay que prenderle fuego a las cosas falsas,
hay que reírte cuando el mundo intenta reducirte a cenizas.
Y yo me reí.
Me reí en la cara de la desgracia,
me cagué en la compasión ajena,
y me prometí que nadie,
me haría volver a arrodillarme por algo que no merezca mis malditos pies.

Hoy no me importan las pérdidas,

me importo YO,
porque yo soy la ganancia,
soy la jodida joya que quedó después del incendio,
soy la mujer que se mira al espejo y dice:
“Carajo, qué reina más cabrona forjaste en las ruinas.”

Así que sí, Dios, quítame lo insignificante,
desgárrame, rómpeme,
porque cada pedazo que pierdo
es un ladrillo más en el palacio de mi ego,
es un grito más en mi garganta que dice:
¡NO VOY A BAJAR LA CABEZA, JAMÁS!

Ahora, si alguien quiere venir a darme lástima,
que se ahogue con sus palabras dulces,
porque yo ya no como migajas,
yo me trago banquetes de poder,
banquetes servidos en la mesa que construí con mis propias entrañas.

Perdí todo, sí…
y por eso mismo,
hoy no tengo miedo a perder nada.

Porque lo que soy,
lo que arde aquí adentro,
lo que late con rabia en mi pecho,
no hay puta fuerza en este mundo que me lo quite.

Yo no soy víctima,
yo soy tormenta.
Yo no soy ruina,
yo soy imperio.
Yo no soy lo que me dejaron,
yo soy lo que jamás podrán arrebatarme:
MI BENDITA GRANDEZA.







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