que ahí, en el fango, fue donde te forjaste.
¡Sí! En cada cagada que hiciste,
en cada noche que te revolcaste con el error como amante,
ahí nació esta bestia que ahora se para de frente,
con la mirada altiva,
con las cicatrices como trofeos,
con el ego reventando costillas por dentro.
¿Te juzgan? Que coman mierda.
¿Te recuerdan tus fallos? Diles que los besen,
que tú no escondes tus ruinas,
las exhibes como arte maldito,
como reliquias sagradas de un templo hecho trizas
y reconstruido a gritos.
Todos se equivocan, pero pocos sobreviven a sí mismos.
Yo lo hice. Yo quemé mi vergüenza en un incendio de orgullo.
Me rompí, me escupí en la cara,
me odié, me insulté, me perdoné,
y me volví dios de mi propio abismo.
Así que no, no agaches la puta cabeza.
Levántala con la furia de quien ya no le debe nada a nadie.
Que si el pasado quiere hablar,
que hable...
yo tengo la voz más fuerte.

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