me vas a soltar por fin ese maldito “te amo”?
¿Será cuando estemos ebrios de hastío,
desnudos de orgullo,
arrastrando los huesos por el pasillo
como si amar fuera mendigar saliva?
¿Me lo vas a decir con voz temblorosa,
o con la boca llena de dudas,
como quien escupe algo que le da asco tragar?
Dímelo tarde, pero dímelo.
O no me digas nada y rómpeme el alma con honestidad.
Pero no sigas jugando a que esto no duele.
Esto es urgente.
No jodas.
Esto no es poesía,
es una bomba con la mecha encendida en el pecho.
Porque la eternidad se nos acaba,
y tú sigues calculando el momento exacto
para no sentirte tan vulnerable.
Yo ya me quité la coraza,
me arranqué las expectativas,
me sangré las ganas.
Ya estoy aquí, con el corazón hecho carne molida
y la esperanza colgando de un hilo oxidado.
¿Y tú?
Tú estás allá, tragándote las ganas,
jugando al fuerte, al frío, al que no siente,
como si el amor no fuera una puta guerra
que se gana desarmándose.
Dilo ya.
Con torpeza. Con rabia. Con miedo.
Con las manos temblando.
Dilo aunque suene a mentira.
Dilo aunque después te arrepientas.
Pero hazlo antes de que se nos muera la única verdad
que este mundo miserable tiene:
Que a pesar de todo,
nos amamos como dos condenados
que encontraron en el otro
una forma hermosa de joderse la vida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario