Querida,
recuerda que cada día que te levantas,
aunque el mundo pese como un luto,
aunque el alma no grite pero tampoco cante,
cuenta.
Sí, cuenta…
cuando te bañas y limpias el polvo de ayer,
cuando eliges un desayuno, aunque sea poco,
cuando te aplicas crema en el rostro
como quien bendice una herida que aún no cicatriza.
Eso también es victoria.
Cada gesto, cada elección diminuta,
es un ladrillo más
en la gran construcción que eres.
Porque tú,
aunque aún no lo veas en el espejo,
no eres ruina:
eres templo en proceso,
columna que resiste,
obra viva de lo que un día será un monumento.
Querida,
no te exijas ser terminada.
Las grandes estatuas se tallan con tiempo,
y tú aún estás aprendiendo
dónde va cada golpe
y qué mármol duele menos.
Solo no detengas tus manos.
Sigue.
Aplica la crema.
Lava tu rostro.
Aliméntate.
Respira.
Que eso también es construir.
Y tú estás naciendo,
mientras el mundo aún duerme.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario