Me dijiste que lo amabas,
y aun así te dejó sin pan y sin abrigo.
¿Dónde estaba Él, cuando temblabas?
—En el mismo sitio que cuando reías conmigo.
Dijiste que el cielo hablaba,
pero yo solo escuché el eco de tu llanto.
Te quedaste con las manos llenas de nada,
con la fe como un cuchillo,
y el alma como un campo santo.
Te rompieron en Su nombre.
Te partieron con versículos bien puestos.
Y aún así, sigues esperando…
como si el amor llegara siempre
en forma de tormento.
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