¿Y si esta mierda que llaman vida
no es más que una fila india hacia el olvido?
¿Una rutina pactada
donde te ponen un número,
te obligan a sonreír,
a servir,
a fingir que estás bien
cuando por dentro estás
HECHA MIERDA?
¿Y si toda esta farsa de "ser agradecido"
es solo el discurso cómodo de los que jamás
han sentido el piso tragarse su dignidad?
Agradece, dicen.
Agradece aunque tragues mierda,
aunque ames y no te amen,
aunque trabajes y no alcances,
aunque respires y aún así te ahogues.
¡Agradece!
Como si fuera un pecado mortal decir
que a veces esta vida no vale
ni el maldito esfuerzo de abrir los ojos.
¿Sabes qué jode más?
Que lo crees.
Te repites que debes seguir,
que hay algo más allá,
que tu dolor es pasajero,
que tal vez mañana…
pero el mañana llega
y es igual al infierno de ayer.
Y del anterior.
Y del otro.
Ahí estás tú,
con el corazón hecho trizas
y el alma suplicando una pausa,
y aún así,
te levantas.
¿Por qué?
Porque soñar es una droga que no sabes dejar.
Es tu última jodida trinchera
antes de rendirte del todo.
Aunque te arda,
aunque duela,
aunque sepas que estás soñando en vano,
te agarras a eso como a un clavo caliente,
porque es ESO o la nada.
Y la nada…
la nada te llama bonito.
Te susurra al oído.
Te promete descanso.
Sin embargo no vas.
¿Por qué no vas?
Porque este mundo, con toda su mierda,
con sus traiciones, sus injusticias,
sus puertas cerradas,
a veces, a veces,
te regala un destello:
un abrazo sincero,
un verso que te salva,
una canción que te recuerda quién eras,
una mirada que no juzga,
un atardecer que parece decirte “aguanta”.
Entonces, con los ojos llenos de rabia
y los puños apretados,
decides seguir.
No por optimismo.
No por fe.
No porque creas en los cuentos de hadas.
a que esta vida de mierda
te arrebate también los sueños.
Porque ya te quitó tanto,
que si además te quita eso,
entonces sí,
te mata.
Así que sueñas,
aunque se burlen.
Aunque duela.
Aunque cada noche sientas que el alma
se te cuelga de un hilo fino.
Sueñas no por esperanza,
sino por rebeldía.
Sueñas con amor verdadero,
aunque el amor te haya escupido la cara.
Sueñas con lealtad,
aunque ya no confíes ni en tu sombra.
Sueñas con una familia
que nunca tuviste,
con una vida que nadie te enseñó a vivir.
Eso te hace peligrosa.
Te hace inquebrantable.
Te hace humana
en un mundo
que te quiere robot.
No estás bien.
Pero estás viva.
No estás feliz.
Pero estás despierta.
Y mientras estés despierta,
aunque llorando,
aunque rota,
aunque maldita sea,
todavía puedes soñar.
Ese sueño,
por más podrido que esté,
por más que huela a desesperanza,
es todo lo que tienes.
Y eso, amor,
eso es suficiente
para seguir.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario