Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

viernes, 1 de agosto de 2025

Sin hacer ruido

 Hoy me doliste en el pecho,

como si algo se me hubiera roto adentro
sin hacer ruido.
Sin drama, sin gritos, sin portazos.
Solo ese silencio asesino
que se mete bajo las costillas
y se queda ahí, jodiéndote el alma.

No hiciste falta para romperme.
Ni siquiera tuviste que decirme “me voy”.
Ya te habías ido desde antes.
Tu cuerpo estaba,
pero tu alma ya estaba paseando en otro infierno
o en otra cama,
que a estas alturas ya da igual.

No sabes lo que es morderse las ganas de gritar.
De llamar.
De maldecir.
De preguntarte si al menos te dolió perderme,
aunque sea un poquito.
Aunque sea en una noche de insomnio
cuando no tienes a quién joder con tus vacíos.

Yo me partí por dentro
como una puta taza vieja
que alguien rompió y volvió a colocar en el estante
para que nadie lo notara.
Y nadie lo nota.
Porque aprendes a seguir.
Con la herida abierta,
con la sonrisa ensayada,
con el “todo bien” que no se cree ni tu reflejo.

¿Y sabes qué jode más?
Que uno ama con rabia.
Con todo.
Con las tripas.
Con las lágrimas que nadie ve.
Y tú…
tú solo pasabas el tiempo.
Como quien hojea un libro que no piensa terminar.

Hoy me doliste en el pecho.
Y no fue un pinchazo cualquiera.
Fue una demolición controlada,
hecha con precisión quirúrgica.
Sin explosión,
sin advertencia,
sin siquiera un “lo siento”.

Yo acá, reconstruyéndome con pegamento barato,
haciendo terapia con canciones
y alcohol emocional de alta graduación.
Aprendiendo que hay gente
que no te rompe porque no te quiere…
sino porque puede.
Porque es más fácil partir a alguien que cuidarlo.
Porque es más cómodo destruir que sostener.

No quiero otro amor.
No por ahora.
No me jodan con “el tiempo lo cura”
ni con “todo pasa por algo”.
El tiempo no cura ni mierda.
Solo hace que te acostumbres al dolor,
como quien se adapta al frío sin dejar de temblar.

Hoy me doliste en el pecho.
Y eso no se arregla con abrazos,
ni con frases lindas,
ni con la puta esperanza de que "alguien mejor vendrá".

Porque yo ya me había entregado.
Y vos solo estabas de paso.
Y eso, hija de puta… eso no se perdona fácil.



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