Finjo que la vida continúa.
Camino entre la gente, sonrío a veces,
pero por dentro estoy hueca.
Parte de mí quedó enterrada contigo:
mi risa, mi color,
la luz que encendías en mis ojos.
En mi pecho hay una tumba,
y dentro, tu voz me llama en silencio.
Soy la sombra de la mujer que fui,
el cascarón de una alegría extinguida.
Miro al cielo y suplico:
«Señor, devuélveme su mirada,
devuélveme mi propia alma».
Pero la respuesta es un vacío
que me arrastra hacia a
dentro.

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