El resto ha sido teatro:
una función mediocre
para convencer al mundo de que vivo.
Cada sonrisa mía es un cadáver pintado.
Cada palabra, un eco falso.
Y yo, mujer de deseos prohibidos,
te sigo amando como si el amor
pudiera hacer que vuelvas .
Quizá un día Dios me escuche,
sople fuerte sobre mi pecho,
y me devuelva la vida que me arrancó tu abandono.
Quizá un día pueda recordarte
sin que me sangren los ojos.
Pero hoy… hoy sigo siendo
una pecadora que sufre por desear
volver al tiempo en donde estaba contigo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario