Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

lunes, 6 de octubre de 2025

El alma se quedó a fumar conmigo

 La belleza de tu cuerpo fue turista.

Pasó una noche en mi cama,
dejó su maleta abierta y su perfume en la almohada,
y se marchó al amanecer sin pagar el desayuno.

Ah, pero qué espectáculo tu piel,
esa fachada de museo moderno,
esa sonrisa de catálogo
que prometía eternidades y traía plazos cortos.

Yo te aplaudí,
como se aplaude a una tragedia mal actuada,
porque incluso la falsedad tiene su encanto
cuando una está dispuesta a fingir que ama.

La belleza del cuerpo, sí, fue un viajero,
de esos que se creen mochileros espirituales
pero solo buscan Wi-Fi y validación.
Tu cuerpo pasó, y dejó su sombra de saldo.

El alma, en cambio, se quedó.
No la tuya tranquila, no exageres
la mía.
La mía se quedó conmigo, en bata, despeinada,
fumando sobre las ruinas,
mirando los escombros con una risa amarga.

Ahí entendí:
no todas las despedidas son tragedias,
algunas son limpiezas profundas.
Quité tu cepillo, tus fotos, tu drama,
y de pronto el aire se volvió respirable.

Dicen que la belleza del alma es un amigo que se queda.
Pues la mía se sentó conmigo,
me sirvió vino barato,
y me dijo:
“¿Ves? Al final no la necesitabas,
solo te habías olvidado de ti.”

Ahora, cuando alguien me habla de amor,
yo reviso su pasaporte:
si es viajero del cuerpo,
le ofrezco una noche;
si es amigo del alma,
quizás… un poema.



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