Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

martes, 24 de febrero de 2026

✧ AUTOJUICIO ✧

 Me lo pregunto más de cuarenta veces al día, mi niña.

Como si repetirlo fuera a deshacerlo.

¿Cómo pasó?

¿Cómo nos pasó a nosotras?

Durante meses me he latigado en silencio.
No con culpa suave,
sino con esa culpa que arde entre mujeres
cuando una sabe
que pudo haber amado mejor.

¿Acaso me equivoqué contigo?

¿Negocié a la mujer que me hacía sentir eterna
por migajas de orgullo?
¿Arrojé —por miedo, por avaricia emocional, por estupidez—
a la única que me miraba
como si yo fuera casa?

Dime…
¿en qué momento confundí independencia
con soltarte la mano?

Tú no eras costumbre.
Eras milagro.
Eras la forma exacta
en que mi caos encontraba descanso.

Y ahora me reviso como expediente abierto:
mis palabras duras,
mis silencios castigo,
mi necesidad absurda de tener razón
cuando lo único que importaba
era tenerte.

¿Te cambié por nada?

¿Te dejé ir creyendo
que lo nuestro era tan fuerte
que sobreviviría a mi torpeza?

Qué arrogante fui, amor.

Pensé que tu amor
era inagotable.
Que tu paciencia
era eterna.
Que tu corazón
siempre volvería a buscarme.

Y ahora me pregunto más de cuarenta veces
si negocié lo sagrado.
Si dejé ir a la mujer
que me hacía sentir invencible
por discusiones pequeñas
que hoy ni recuerdo.

¿Cómo pasó?

¿Cómo se enfría algo
que nos incendiaba la piel?

Tal vez no fue el destino.
Tal vez fui yo
teniendo miedo de merecerte.

Porque amar a una mujer como tú
exige valentía.
Y yo a veces fui cobarde.

Lo peor no es no tener respuesta.
Lo peor
es sospechar
que sí la tengo.

Y aún así, mi niña,
te extraño.

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