¿En qué momento cambió el significado de “para siempre”
y nadie me mandó la actualización?
¿Fue una versión nueva?¿Un parche emocional que no descargué?
¿O soy yo
la que sigue usando promesas
en modo antiguo?
Porque explícame, mi amor,
¿Cuándo el “cuentas conmigo”
se volvió un contrato con letras pequeñas?
¿En qué cláusula decía
que aplicaba solo en días soleados?
¿En qué parte especificaba
“sujeto a cambios sin previo aviso”?
Yo recuerdo otra cosa.
Recuerdo dos mujeres
jurándose eternidad
como si el mundo fuera corto
y nosotras infinitas.
Recuerdo tu boca diciendo “siempre”
sin asteriscos.
Sin condiciones.
Sin abogado.
Y míranos ahora.
Yo leyendo la ruptura
como si fuera documento legal:
— Falta de compatibilidad.
— Diferencias irreconciliables.
— Orgullo acumulado.
— Amor insuficiente para sostener la versión adulta de nosotras.
Ah, claro.
El clásico.
¿En qué momento el “somos equipo”
se convirtió en competencia silenciosa?
¿En qué segundo exacto
empezamos a medir quién amaba más
en vez de simplemente amar?
Dime,
¿Cuándo el “para siempre”
dejó de ser promesa
y pasó a ser amenaza?
Porque ahora lo escucho
y me da risa.
Risa negra.
Risa de funeral elegante.
“Para siempre.”
Claro.
Como los planes de gimnasio en enero.
Como las dietas emocionales.
Como las mujeres que dicen
“no me voy a ir”
mientras ya están empacando por dentro.
Lo peor no es que te fueras.
Lo peor es que yo me quedé creyendo
que el contrato seguía vigente.
Firmado con besos.
Sellado con lágrimas.
Ratificado con noches donde jurábamos
que ninguna otra mujer
nos iba a romper así.
Qué ironía.
Nos rompimos nosotras.
Tú con tu distancia elegante.
Yo con mi orgullo doctoral.
Dos mujeres inteligentes
haciendo estupideces históricas.
Y aquí estoy, preguntándome:
¿En qué momento cambió el significado de “por siempre”
y yo no me enteré?
¿Fue cuando empezaste a cansarte
y yo empecé a exigir?
¿Fue cuando amar dejó de ser elección
y se volvió obligación?
Tal vez el “para siempre” no cambió.
Tal vez siempre significó
“hasta que alguna tenga miedo.”
Y míranos.
Tú temiendo perderte.
Yo temiendo perderte.
Las dos perdiéndonos igual.
Así que dime, mi niña,
si alguna vez vuelves a decir “cuentas conmigo”,
¿me mandas el PDF completo?
Solo para saber
si esta vez
el amor incluye permanencia
o si también trae
fecha de vencimiento.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario