Cómo quisiera
estuvieran conjugados en pasado.
Yo te amé.
Yo te extrañé.
Yo te esperé.
Como si todo esto
fuera apenas una mala gramática del corazón
que ya aprendí a corregir.
Pero no.
El presente —ese desgraciado—
se levanta conmigo todos los días
y dicta la clase
con una paciencia cruel.
Te amo.
Te extraño.
Te espero.
Y lo peor
es que tú ya cambiaste de conjugación.
Tú ahora amas a otro,
tú ahora tocas a otro,
tú ahora duermes
en el lugar exacto
donde antes
yo aprendía de memoria
cada centímetro de tu espalda.
Mientras tanto
yo sigo atrapada en este tiempo verbal
que no avanza,
un presente obstinado
que se niega a convertirse en pasado
como debería hacerlo
cualquier cosa que ya se fue.
Intenté conjugarte en futuro, ¿sabes?
Decirme a mí misma:
Te olvidaré.
Te superaré.
Seré libre.
Pero el futuro
también resultó ser un mentiroso elegante.
Porque llega la noche
y todos los tiempos verbales
se derrumban.
Y entonces vuelvo
a la única conjugación
que todavía sabe decir mi cuerpo:
Te sigo amando.
Te sigo esperando.
Te sigo extrañando.
Qué ironía tan miserable…
Tú te fuiste
a conjugar el verbo amar
en la cama de alguien más,
mientras yo sigo aquí
intentando convertirte
en un pasado correcto
que la gramática brutal del amor
todavía
no me permite escribir. 🖤

No hay comentarios.:
Publicar un comentario