¿Cómo no vas a poder?
Si hay flores rompiendo el pavimento,
y tú has roto cosas mucho más duras:
relaciones, expectativas ajenas,
tu propio corazón…
y aun así sigues aquí, más guapa que el trauma.
No me digas que no puedes.
Porque tú no solo puedes,
tú arrasas.
Tú no te levantas, tú te rearmas como un edificio nuevo,
con cimientos de orgullo y ventanas a prueba de estúpidos.
La vida te ha escupido en la cara,
y tú te limpiaste con estilo.
Le sonreíste con labial rojo, le guiñaste el ojo al caos
y seguiste caminando como si el mundo te debiera una disculpa (porque te la debe).
¿Te sientes débil?
Pues qué bueno.
Eso significa que estuviste luchando.
Los que se sientan en la sombra a juzgar
no saben lo que es respirar bajito para no pensar en gritar,
ni lo que cuesta fingir que no estás rota
mientras llevas tus piezas como si fueran joyas de diseñador.
Eres arrogante, dicen.
¡Sí, y con razón!
Después de todo lo que pasaste,
¿te vas a pedir perdón por tener autoestima?
No, reina. No más disculpas por brillar.
No más bajarse el tono para que no se sientan inseguros.
No más esconder las alas para que no molesten.
Tú no floreces: tú revientas el pavimento.
Y si eso incomoda, que se aparten.
Aquí viene la tormenta con perfume y tacones.
Aquí viene la flor con raíces blindadas y espinas bien afiladas.
¿Cómo no vas a poder?
Si el mundo todavía tiembla cuando pronuncian tu nombre en voz alta.

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