Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

viernes, 6 de junio de 2025

De Porcelana a Basura

 No fue ningún sacrificio,

créeme,
perder la cabeza y el corazón así.
Cualquiera con sangre en las venas
y media neurona sensible
se habría vuelto loca por ti.


Pero no por esta versión barata

que eres ahora…
sino por la edición de lujo,
la de antes,
la de cuando eras "calidad americana",
no esta copia china de la India
que ahora se vende al por mayor
en cualquier esquina del centro.

Tu mirada antes tenía dulzura,
movías las caderas
y las leyes de la física colapsaban.
Verte era un diagnóstico automático:
internamiento psiquiátrico urgente.

Eras arte.
Una obra perfecta.
La favorita de Dios
entre galaxias y constelaciones.
Ahora…
ahora eres solo piedra.
La piedra maldita
que quedó tirada
cuando el monumento colapsó.

Tu olor…
era gloria.
Era el olor exacto de lo inmejorable.
Ahora hueles a ruina,
a baño de taberna,
de esas donde el jabón es opcional
y la dignidad se queda en la entrada.

Tus ojos,
eran eternidad.
Una sola mirada tuya
y el universo tenía sentido.
Ahora los escondes
como rata que no soporta la linterna,
porque sabes que la luz de lo puro
te quema la cara.

No,
no me arrepiento de haberte amado.
De haber perdido la cordura,
la dignidad,
la calma.
Tocar lo inmejorable
con mis manos temblorosas…

valió la condena.
Embriagarme con el orgasmo
de tus miradas silenciosas…
fue una bendita maldición.

Pero sigue.
Sigue perdiéndote.
Hasta en el color de tu cabello,
en lo vulgar de tu vestir,
en lo artificial de tus carcajadas
y lo hueco de tu cama compartida.

Tú te perdiste.
Yo solo fui testigo
del incendio que llamaste libertad.
Aunque ardí contigo,
ahora camino entre las cenizas
con la frente en alto…
porque fui quien te vio brillar
cuando todavía valías algo.

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