No.
No soy perfecta.No necesito que me lo recuerdes,
yo también me he visto en el espejo
después de gritar lo que no quería decir
y callar lo que me estaba matando.
Sí, te herí.
En muchas ocasiones.
Con palabras, con frialdad,
con esa forma mía de alejarme
para no suplicar.
Pero aún así,
con todo lo rota que estoy,
mi pacto no lo rompo.
Porque no lo hice contigo,
lo hice con Dios.
Y si algo he aprendido
en las Sagradas Escrituras,
es que uno no se traiciona
ni siquiera cuando el otro ya lo hizo.
¿Te lo mereces?
Quizás no.
Quizás nunca.
Pero ese juicio no me pertenece.
Que lo mire el Altísimo.
Que pese tus intenciones
en su balanza.
Quizás frente a Él
nadie merezca nada,
ni tú, ni yo,
ni siquiera los que oran más fuerte.
Pero lo que yo digo,
lo cumplo.
Y aunque me tiente el rencor,
aunque me pique el orgullo,
aunque me dé rabia
ver que das por sentado mi aguante,
mi palabra sigue de pie.
Y créeme,
eso vale más que todos tus discursos bonitos,
que tus “perdón” sin propósito,
que tus lágrimas bien actuadas.
Porque yo no olvido,
pero tampoco traiciono.
Y eso…
eso no cualquiera lo sostiene.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario