Hoy en día,
lo hecho a mano cuesta más.Antes era corriente,
como mi amor por ti:
torpe, imperfecto,
pero real.
Ahora vale una fortuna…
aunque ya nadie lo quiere.
La industria lo cambió todo.
Pulcro, veloz, brillante.
Como tú,
cuando empezaste a amar
con cronómetro en la muñeca
y palabras copiadas de redes ajenas.
¿Pero por qué?
¿Por qué lo hecho de corazón
dejó de valer?
¿Por qué los actos de amor,
ese ingrediente maldito llamado pasión,
y la devoción absurda de la honestidad,
terminaron en liquidación?
Antes te cocinaba cartas,
te bordaba gestos,
te tejía paciencia con hilos de fuego.
Ahora tú solo consumes,
rápido,
frío,
sin mirar la etiqueta del alma.
Cambiaste el perfume de un beso
por el éxtasis sintético
de un amor probeta.
Por una sobredosis de validación
inyectada directo a la vena.
¿Dopamina?
Solo si viene aprobada por laboratorios
donde ratas temblorosas aprenden
a pulsar botones para sentirse amadas.
Igual que tú.
Nos vendieron lo inmediato
y tú firmaste sin leer.
Te enamoraste de pantallas,
de algoritmos,
de carne sin contexto.
Yo fui hecha a mano.
Fui costura lenta,
fui altar sin producción en serie.
Y por eso,
te hartaste de mí.
Porque lo real es incómodo.
Porque amar con las manos
duele más que deslizar un dedo.
Ahora te abrazo con rabia.
Te nombro en voz baja
como quien invoca
a un demonio conocido.
Y me río,
sí,
me río con sarcasmo gótico,
de cómo cambiaste
mi amor hecho de barro y cielo
por una sustancia
que ni tú puedes deletrear.
Felicidades,
te convertiste en un producto.
Pero yo,
yo seguiré siendo reliquia.
Artefacto antiguo,
hecho a mano,
hecho de verdad,
hecho pedazos,
sí...
pero jamás reemplazable.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario