Todos somos hormigas,
sí.
Pero en diferentes hormigueros.
Algunos nacen para seguir el surco,
otros para incendiarlo.
es maquiavélico meditar a solas
donde viviste todo con ella.
Pero peor es cuando
ya lo cambiaste todo
y el veneno sigue dentro.
Ya mudé de piel.
Cambié el lugar,
la cama,
la ruta al trabajo,
la forma en que me ato los zapatos.
Tiré los libros que olían a su voz,
quemé la ropa que tocó su sombra,
me despedí de amigos que solo eran testigos
de mi derrumbe.
Me arranqué a mí misma como una plaga.
Aún así,
cuando el mundo calla,
ella habla.
Vive entre mis pensamientos
como un virus bien vestido.
Un susurro que se cuela
incluso entre el silencio.
¿A dónde se mudan los recuerdos
cuando ya mudaste todo?
¿Qué se hace
cuando el campo de batalla
ya no tiene cuerpo,
pero sí escombros que susurran su nombre?
Pero escucha bien
porque esto no es una súplica.
Esto es una lápida.
Ya no espero.
Ya no construyo sobre promesas rotas.
Ya no sigo a nadie.
Soy la hormiga que quemó el hormiguero,
y ahora camina sola
con fuego en la espalda
y un ejército de cicatrices.
Que venga quien quiera,
que mire quien se atreva.
Pero no me sigas.
No te gusta el calor
de donde yo renací.
------ T3

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