Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

lunes, 9 de junio de 2025

Lo que no mata…

 Lo que no mata engorda,

eso dije, riéndome con los dientes sucios de ilusión
antes de probarla a ella.
Antes de meterme en la boca esa droga con piernas,
esa caricia disfrazada de ruina.

Pero no me mató.
No fue tan amable.
Solo me dejó en agonía,
justo en ese rincón donde el dolor no es letal
pero sí constante,
un poco más allá del cómo salgo de esto,
un poco más acá de la puta muerte.

No, no engordé.



Perdí peso.
Tanto que las costillas aprendieron a rezar,
tanto que el espejo se rompió al verme,
no por fea, no por rota,
sino por vacía.
Porque no hay reflejo para quien ya no se sostiene ni con su sombra.

Mi estómago...  miserable traidor
quiso reemplazar al corazón,
intentó tragarse el duelo,
digerir las promesas,
llenarse con la ausencia.

Pero la carga…
ah, la carga.
Tan densa, tan pesada, tan jodidamente mía,
que no hay espacio ni para un suspiro,
ni para un antojo,
ni para un "estoy bien" a medias.

Todo me pesa.
El cuerpo, el recuerdo, la cama vacía.
Las palabras no dichas.
Las que sí se dijeron.
El “te quiero” con fecha de caducidad.

Y aquí estoy,
seca por dentro,
demacrada por fuera,
con el alma colgando como una prenda vieja,
pensando que si esto no me mata,
quizás me convierta en estatua.
De esas que nadie mira,
que nadie toca,
que solo existen para sostener el silencio.

T3

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