En mi vida fuiste turista,
una pendeja con maleta de cartón,
que solo quiso lo bonito,
el envoltorio limpio,
sin meterse en la mugre real que soy.
ni el barro que llevo en el alma,
ni esas heridas abiertas
que sangran mientras tú fingías ternura.
Te la pasaste bien, ¿no?
Como quien entra a un cuerpo ajeno
solo para saciar su hambre
y después largarse sin mirar atrás,
dejando la botella vacía
y mi cuerpo hecho invierno.
Pero yo me jodía en silencio,
tragándome los gritos,
escondiendo mis ruinas
porque aprendí a callar mientras sangro.
Tú no viniste a quedarte,
no viniste a curar nada.
Viniste a lamer mi luz un rato,
y cuando te quemaste los dedos,
me dejaste en la sombra
como si nunca hubieras estado.
Ahí estás,
sin entender por qué me caigo,
por qué sangro,
como si mi dolor
hubiera sido parte del show.
No, perra.
Mi dolor es mío.
Mi infierno no era decorado,
era mi casa,
y tú viniste solo a tomar fotos.
Llevo años con el alma hecha trizas,
como reloj sin cuerda ni destino,
esperando que alguien,
alguna hija del caos como yo,
tuviera agallas para quedarse.
Pero qué más da.
Te fuiste.
Como todas.
Sin mirar.
Sin decir.
Dejando todo lo sucio atrás..
Turista en mi vida,
te llevaste la foto bonita,
el atardecer,
la risa rota,
pero dejaste la tormenta real,
las heridas sin tocar,
y la puta soledad que me destroza.

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