Me dolió, sí.
Me dolió que no vieras
la mujer extraordinaria que se paró frente a ti
con el alma desnuda
y el corazón ardiendo.
Pero tranquila.
Lucifer también estuvo en el cielo.
Caminó entre las putas estrellas,
tenía la gloria de Dios
brillando en sus alas
y aun así...
prefirió caer.
Prefirió pelear contra el amor en persona,
morder la mano que lo había creado,
romper el paraíso
por el placer de destruir lo perfecto.
¿Y tú?
Tú hiciste lo mismo.
Te di un universo entre mis costillas,
te abrí puertas que ni yo sabía abrir,
te dejé tocar mis ruinas
como si fueras digna...
aun así
te fuiste a revolcarte con tu miseria.
Elegiste el vacío
cuando te ofrecía fuego.
Escogiste el polvo barato
cuando te estaba dando constelaciones.
Pero tranquila.
Yo no suplico.
No bajo al infierno a buscar a quien se lanzó con gusto.
Allá abajo no hay rescates,
solo cadáveres de lo que alguna vez pudo ser divino.
Tú, que pudiste ser reina,
decidiste ser ruina.
Te arrodillaste ante tu ego
y llamaste libertad
a tu cobardía.
Lucifer cayó por orgullo.
Tú caíste por miedo.
Pero igual que él,
te quedarás allá abajo,
lejos del cielo que era yo.

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