¿Mala yo?
Gasté dinero que no teníasolo por sentir que valía la pena arruinarme por ella.
Me atreví a soñar con un mañana
donde su risa y mis cicatrices durmieran juntas.
Escribí los versos más lindos
con las manos temblando y el alma hecha trizas,
esperando que, tal vez, los leyera y me eligiera.
Aprendí a esperar,
como se aprende a sangrar sin hacer ruido.
A medir mis palabras
para no interrumpir sus silencios sagrados.
Me acomodé a sus oraciones,
aunque no creía en dioses.
La adoré como a uno,
con miedo, con fe ciega, con devoción suicida.
Todo
por verla sonreír.
Por sentir que, al menos un segundo,
yo era su paz…
aunque ella fuera mi guerra.
¿Mala yo?
No, mi amor.
Tonta.
Eso sí.

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