había querido abrazar tanto a una persona
como a ti.
Eso,
maldita sea !!!
me destruyó.
Porque lo que uno abraza con el alma
también puede quebrarlo por dentro.
Y tú
tú fuiste abrazo y puñalada,
refugio y tormenta,
calor y abandono en la misma maldita noche.
Yo,
que juré no necesitar a nadie,
acabé suplicando por segundos tuyos
como quien pide aire en medio del fuego.
Nunca quise tanto,
ni fui tan débil.
Tú lo supiste.
Eso fue lo más cruel.
Que lo supiste.
Y no te importó.
Me dejaste abrazando el vacío,
como si el eco de tu sombra
fuera suficiente consuelo.
Como si bastara con haber estado,
aunque nunca fuiste.
Hoy no abrazo a nadie.
No por orgullo.
Por miedo.
Porque cuando uno ama así,
el mundo se vuelve un campo minado
y cada paso
es un recuerdo que explota.
Aún así,
aunque me duela decirlo,
si volvieras ahora,
rota, sin disculpas, sin voz,
aún te abrazaría.
Me volverías a romper.
Y lo sabrías.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario