Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

viernes, 27 de junio de 2025

pero ya me estoy cansanda, ¿eh?

 Aún no puedo caminar por las putas calles que amo

sin verte escondida en cada esquina,
como un recuerdo con cuchillo,
como un fantasma con el perfume que yo te di.
Las luces de la ciudad ya no me alumbran:
me exponen.
A mis heridas, a mis miedos,
a mi cara de “estoy bien” que ni yo me creo.

Los malos pensamientos son como moscas,
me revolotean la cabeza todo el día,
y yo ahí, fingiendo que medito,
cuando en realidad solo estoy evitando
matarme con ideas.
No tengo hambre.
Ni sueño.
Ni ganas.
Solo ese vacío existencial con sabor a ti.

Aún me acuesto llorando,
como niña tonta, como mujer rota,
despierto igual,
con la almohada ahogada
y el corazón con ojeras.
¿Sabes qué?
No sé ni por qué lloro.
Tal vez por todo.
O tal vez por seguir extrañando a alguien
que no supo ni cómo quedarse.

Las risas en la calle me ofenden.
¿Cómo carajo la gente puede ser feliz
cuando yo estoy hecha mierda?
Cada sonido, cada paso,
me recuerda a ti.
O peor:
a mí, cuando era feliz contigo.
Qué patética.
Qué real.

Aún no puedo comer sin llorar.
No es por dieta ni por drama:
es que el cuerpo no quiere lo que el alma no digiere.
Aún me arrodillo.
Cada noche.
Con las rodillas rotas y el orgullo también.
Le hablo a Dios,
le grito incluso.
Le digo:
“¿Hasta cuándo, cabrón?”
Y Él, muy Él, callo.
Como tú.

Me pregunto en qué fallé.
Y tengo teorías, ¿sabes?
Amé más de la cuenta.
Perdoné demasiado.
Esperé lo que nunca llegó.
Me vi a través de tus ojos
y no a través del espejo.

Aún quiero saber de ti.
Aunque sé que verte me va a romper otra vez.
Aunque me da más miedo tu voz
que cualquier tormenta.
Aún me hago preguntas estúpidas.
¿Por qué?
¿Por qué yo?
¿Por qué así?
Y ninguna respuesta me cierra la herida.

Sigo en pedazos,
con el alma arrastrándose,
pero maquillada.
Porque si voy a estar destruida,
al menos que me vean divina.

Aún te amo.
Sí, me da asco decirlo.
Pero es verdad.
Te amo con rabia,
con cinismo,
con esa desesperación de quien sabe
que amó a la hija de puta equivocada.

Un día más,
un día menos.
Qué más da.
El dolor ya es parte del mobiliario.
Le puse nombre.
Le hago café.
Duermo con él.

yo sigo aquí.
Viva,
pero a veces por inercia.

Esperando como imbécil con dignidad a medias
que un día esto pase.
Que duela menos.
O que me duela bonito, al menos.
Como esas cicatrices que ya no sangran
pero cuentan historias.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Continua...

 Dale… sigue. Continúa. Sigue intentando callar esa voz que te susurra —no, que te escupe— que fracasaste. Que no supiste conservar lo...