No tengo respuestas.
Solo preguntas
que duermen a mi lado
más fieles que tú.
Tal vez eso es crecer:
aprender a tragar verdades sin sal,
acostumbrarse a que nada encaje
y aún así seguir poniendo la mesa.
Quizás de eso se trata,
de aceptar que el amor
no viene con instrucciones,
ni garantías,
ni siquiera un maldito manual
que advierta:
“esto va a doler más de lo que esperas.”
Porque tú doliste.
Doliste sin drama,
sin despedidas heroicas,
sin lágrimas teatrales.
Solo te fuiste…
como quien apaga la luz
en una habitación ajena.
Me quedé,
no rota,
no entera,
solo… funcional,
como un paraguas olvidado en verano.
Tal vez de eso se trata.
De no entenderlo todo,
de cargar con el “¿por qué?”
como quien carga un cuerpo.
De amar sin certezas
y sangrar con estilo,
para que nadie note
que me acostumbré
al dolor
solo porque tú lo llamaste amor.

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