Hoy creí que eras tú.
Un número desconocido.
Una notificación sin nombre.
Una sombra parecida a tu figura cruzando la calle.
El corazón traicionero
saltó.
La razón bajó la cabeza
y volvió a escribir tu ausencia
en la lista de lo irrevocable.
A veces pienso:
quizás está esperando el momento.
Quizás tiene miedo.
Quizás aún me ama
pero no sabe cómo volver.
Quizás.
Me aferro a los quizás
como quien abraza humo.
Tu última palabra fue adiós.
Pero yo la leí como pausa.
Como un "espérame".
Como un "no sé".
Así,
vivo en el borde del regreso
que nunca llega.
Interpreto signos.
Leo tus redes en silencio.
Busco señales en el vacío.
Me doy razones para creer
que volverás.
Pero por las noches,
cuando todo calla,
escucho una voz muy baja, muy rota,
que me dice la verdad.
Y yo no le creo.
Aún no.

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