Habitas mi mente, mi alma y mi corazón…
Como un inquilino que no paga renta,
que deja platos sucios en la mesa
y vacía mi vino sin dejar propina.
Te llamo amor,
porque “parásito emocional” no tiene el mismo glamour
ni rima bien con los boleros.
como un ladrón que roba certezas
y deja en su lugar una nota cursi
con tu perfume y mis dudas.
Sí,
te pienso más que a mis impuestos vencidos,
más que a la muerte,
más que al Wi-Fi cuando falla en plena serie.
Te siento en el alma,
como una resaca de domingo eterno,
como el eco de tus excusas que suenan
a poesía barata en oferta.
El corazón…
Ah, mi pobre corazón…
Ese idiota sigue preguntando por ti,
como un perro que no aprende
que su dueño se fue con otra correa.
¿Cómo no llamarte amor?
Si amor es lo que llaman al hambre
que arranca costillas del alma
y pone flores en tumbas ajenas.
Eres mi amor,
mi dulce tormento,
mi cráter en el pecho,
mi herida con glitter.
Reímos, lloramos,
hicimos promesas como quien firma un contrato
sin leer la letra pequeña:
"Este vínculo no incluye respeto,
ni reciprocidad garantizada.”
Te llamo amor
porque “error repetido” suena feo,
y “lección no aprendida” no tiene métrica.
Eres mi inspiración
para versos tristes y facturas emocionales,
mi musa con cuchillo en mano,
la razón por la que mi terapeuta se fue a vivir al bosque.
vuelvo a ti como los idiotas vuelven al fuego,
como los políticos al discurso,
como los sueños a morirse de frío.
Habitas mi mente, mi alma y mi corazón…
como un fantasma que no quiere pagar renta ni irse.
¿Cómo no llamarte amor…
si amarte fue mi forma más poética de autodestruirme?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario