Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

miércoles, 25 de junio de 2025

Te llamo amor… porque llamar a los demonios tiene peor prensa

 Habitas mi mente, mi alma y mi corazón…

Como un inquilino que no paga renta,
que deja platos sucios en la mesa
y vacía mi vino sin dejar propina.

Te llamo amor,
porque “parásito emocional” no tiene el mismo glamour
ni rima bien con los boleros.

Te metiste sin llave, sin aviso,
como un ladrón que roba certezas
y deja en su lugar una nota cursi
con tu perfume y mis dudas.

Sí,
te pienso más que a mis impuestos vencidos,
más que a la muerte,
más que al Wi-Fi cuando falla en plena serie.

Te siento en el alma,
como una resaca de domingo eterno,
como el eco de tus excusas que suenan
a poesía barata en oferta.

El corazón…
Ah, mi pobre corazón…
Ese idiota sigue preguntando por ti,
como un perro que no aprende
que su dueño se fue con otra correa.

¿Cómo no llamarte amor?
Si amor es lo que llaman al hambre
que arranca costillas del alma
y pone flores en tumbas ajenas.

Eres mi amor,
mi dulce tormento,
mi cráter en el pecho,
mi herida con glitter.

Reímos, lloramos,
hicimos promesas como quien firma un contrato
sin leer la letra pequeña:
"Este vínculo no incluye respeto,
ni reciprocidad garantizada.”

Te llamo amor
porque “error repetido” suena feo,
y “lección no aprendida” no tiene métrica.

Eres mi inspiración
para versos tristes y facturas emocionales,
mi musa con cuchillo en mano,
la razón por la que mi terapeuta se fue a vivir al bosque.

Aún así…
vuelvo a ti como los idiotas vuelven al fuego,
como los políticos al discurso,
como los sueños a morirse de frío.

Habitas mi mente, mi alma y mi corazón…
como un fantasma que no quiere pagar renta ni irse.

¿Cómo no llamarte amor…
si amarte fue mi forma más poética de autodestruirme?

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