No sé qué maldición pusiste
cuando entraste en mi vida
que hasta las buenas noticias
me duelen si no estás.
cuando algo por fin florece,
cuando tengo un motivo para reír
ahí estás tú
en forma de recuerdo,
en forma de ausencia,
como si mi alegría te buscara
por reflejo, por costumbre,
por amor que no se gastó.
Entonces
me dan ganas de escribirte,
de contarte que lo logré,
que me pasó eso que soñamos una vez,
que estoy bien…
pero no del todo.
Porque no estás para escucharlo,
porque ya no soy quien te lo cuenta,
porque ahora soy solo alguien
que piensa en ti
cada vez que la vida se pone bonita.
Quizás eso es tocar el alma,
no cuando estás,
sino cuando ya no
y aun así duele hermoso
recordarte.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario