Esto es guerra.
No de espadas ni banderas,sino de sábanas arrugadas
y pensamientos que gritan en silencio.
Cada día que no me destruyo,
que no me arrastro al borde de mí misma
como un soldado herido con nombre olvidado,
ya es victoria.
Cada vez que amanezco
sin convertirme en humo,
sin disolverme en la nada con el café tibio y la fe dormida,
es otra batalla ganada con uñas rotas
y el alma hecha jirones.
Esto es guerra,
contra la voz que susurra
que ya no vale la pena,
contra la memoria que insiste
en recordarme lo que no fui.
Sin embargo aquí estoy,
deshilachada,
incompleta,
pero invicta.
Con un corazón remendado a parches,
pero latiendo.
Y eso, aunque nadie lo vea,
aunque no salga en titulares,
es el milagro más grande de mi día.

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