El gran filósofo Sócrates dijo:
"Nos enseñaron a memorizar las respuestas,
pero no a cuestionar las preguntas."
Y qué putas razón tenía.
Porque a mí me enseñaron a levantar la mano
solo si sabía la respuesta correcta.
A callar si tenía dudas.
A repetir como loro,
aunque lo que decía no tuviera sentido,
aunque me tragara una mentira envuelta en cinta escolar
y tuviera que aplaudirla como si fuera sabiduría.
Me enseñaron a no incomodar.
A no preguntar “¿por qué carajos esta vida es tan injusta?”
porque eso no era parte del examen.
Porque “eso no se pregunta”.
Porque si empiezas a escarbar,
a lo mejor encuentras lo que nadie quiere ver.
Yo lo pregunté.
Y me miraron como si estuviera enferma.
Como si dudar fuera una plaga.
Como si pensar por mí misma
fuera un acto criminal.
Aprendí a callarme la sed de entender.
Aprendí a responder “bien” cuando me preguntaban cómo estaba,
aunque por dentro me estuviera muriendo.
Aprendí a decir “sí señor”, “sí señora”,
aunque todo dentro de mí gritara:
¡NO! ¡NO ESTOY DE ACUERDO! ¡NO QUIERO ESTO! ¡NO CREO EN NADA DE ESTO!
¿Y sabes qué pasa cuando memorizas toda tu vida?
Que llega un día en que no sabes ni quién mierda eres.
Eres un libreto mal escrito,
un eco ajeno,
un disfraz bien planchado
con el alma hecha pedazos por dentro.
Nos enseñaron a seguir reglas,
pero no a romper cadenas.
Nos enseñaron a obedecer,
pero no a defendernos.
Nos enseñaron a tener miedo,
pero lo llamaron “prudencia”.
Nos enseñaron a soportar,
pero lo disfrazaron de “madurez”.
Nos dijeron que había que estudiar para ser alguien,
como si ya no lo fuéramos.
Como si el valor se comprara con títulos,
con cartones enmarcados
que pesan más que la propia conciencia.
Nos hicieron sentir que si no sabías la respuesta rápida,
entonces no servías.
Nos llenaron de respuestas de mierda
para preguntas que ni siquiera nos dejaron formular.
Nadie me enseñó a preguntar:
“¿Por qué no me amo?”
“¿Por qué permito que me humillen?”
“¿Por qué estoy viva si no estoy viviendo?”
“¿Por qué me odio más cada día?”
Esas preguntas no tienen casillas de opción múltiple.
Esas preguntas se responden con gritos,
con noches sin dormir,
con lágrimas en el baño,
con rabia acumulada desde la infancia.
Y aún así las hago.
Porque ya no me sirven tus respuestas memorizadas.
Ya no quiero repetir lo que me enseñaron
si no me lo creo.
Ya no quiero fingir que entiendo
si lo único que tengo es una confusión honesta
y unas ganas brutales de desarmarlo todo
y volver a empezar.
¿Y sabes qué?
La respuesta es esta:
No sé una mierda.
Y prefiero eso,
a vivir repitiendo mentiras
como si fueran verdad.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario