Querido lector

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Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

miércoles, 30 de julio de 2025

Los imposibles también duelen

 ¿Alguna vez has pensado en los imposibles?

No en los castillos flotando en la bruma de los sueños,
sino en los imposibles reales,
esos que olieron a hogar, a piel, a verdad momentánea,
y después se fueron como un tren que no miró atrás.

Alguna vez fuiste feliz, lo sé.
Con alguien, con algo,
con una risa que te vació los pulmones,
con un silencio que supo más que mil palabras,
con un abrazo que cerró guerras internas sin pronunciar una sola frase.

Y luego llegó el imposible.
Esa palabra maldita que pone un muro donde antes había un puente.
Esa certeza de que lo que viviste fue irrepetible,
no por magia, sino porque ahora tú ya no eres el mismo.

Ya no puedes reír igual,
porque aprendiste que la risa también tiene consecuencias.
Ya no puedes amar igual,
porque entendiste que el amor no siempre te salva,
a veces te deja peor de lo que te encontró.

Sí, puedes volver a enamorarte.
Claro que puedes.
Puedes volver a encontrar paz en otras manos,
a llenar vacíos con nuevas voces,
a inventarte una historia con otro guion.

Pero jamás será igual.
Porque ahora pesas cada emoción como si fuera mercancía frágil.
Porque ahora escondes el alma bajo siete capas de "me da igual".
Porque aprendiste a no confiar en el primer “te entiendo”,
a desconfiar del calor,
a negociar hasta los besos.

Y no es culpa de nadie.
Solo que algo dentro de ti murió en ese imposible.
Y no hay resurrección para ciertos tipos de inocencia.

Es horrible.
Saber que viviste lo más alto
y que ahora solo caminas con cuidado,
como si cualquier paso pudiera activar una mina emocional.
Saber que esa plenitud no regresará,
porque ya no te permites entrar tan hondo,
porque ya no das sin calcular,
porque ahora todo es contrato emocional con letra pequeña.

Sí, puede que alguien te ame más,
te cuide más,
te vea más.
Pero nunca será igual.

No por ellos.
Por ti.
Porque perdiste algo en el camino que ya no sabes cómo recuperar.
Y ese duelo es silencioso,
lento,
eterno.

A veces sonríes, y por dentro piensas:
"Esto está bien, pero no es aquello."
Y te odias un poco por compararlo,
pero el corazón no olvida.
Solo aprende a disimular.

¿Alguna vez pensaste en los imposibles?
Yo sí.
Los cargo a la espalda,
les hablo por las noches,
los nombro en mis poemas.
Y aunque sé que no volverán,
todavía les dejo un lugar en la mesa.
Porque hay ausencias que, de tanto doler,
se convierten en compañía.




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