Te amé en luna nueva,
cuando todo era promesa invisible,
y tus palabras brillaban
como si el cielo aún no supiera
lo que vendría después.
Te busqué en cuarto creciente,
cuando creí que éramos algo
que empezaba a tomar forma,
una luz que rompía la oscuridad
con la ingenuidad de lo eterno.
Te perdí en luna llena,
cuando todo parecía completo
pero ya estaba empezando a vaciarse.
Brillabas tanto…
que no vi las sombras detrás de tu resplandor.
Y me quedé en luna menguante,
mirando cómo te ibas en pedazos,
cómo el “nosotros” se reducía
a recuerdos flotando en mi pecho,
como polvo lunar en noche sin estrellas.
Ahora camino en ciclos,
entre eclipses de lo que fuimos,
y a veces me abrazo en silencio
sabiendo que aunque tú menguaste…
mi amor aún insiste en crecer.

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