¿Mi corazón…?
No sé.Tal vez lo olvidé en un bolsillo roto,
junto a las ganas de creer otra vez,
o lo dejé olvidado
en alguna conversación que dolía más de lo que decía.
Ya no sé ni dónde carajos lo dejé,
entre tantas veces que lo partieron,
entre tantos "cuídamelo"
que terminaron siendo mentiras con moño.
Lo usé demasiado, ¿sabes?
Lo expuse como idiota,
creyendo que amar era suficiente,
como si el mundo supiera lo que hace con lo frágil.
A veces creo que lo perdí
la última vez que me tragué el llanto
y dije “estoy bien” con la voz temblando.
O quizá fue esa noche en que lo rompieron
y fingí no haber escuchado el crujido.
Para ser honesta,
no me importa.
Ya no me importa si late,
si existe,
si sirve.
Porque me cansé de remendarlo con hilos invisibles,
de pegarlo con esperanza vencida,
de cargarlo como si aún pudiera dar algo bueno.
Ahora camino sin él,
ligera, vacía, inmune.
Ya no me tiembla la voz al decir adiós,
ya no me quiebro por nadie.
Aprendí a sobrevivir con otras partes del cuerpo:
con la cabeza fría,
con las piernas firmes,
con el alma hecha piedra.
Así que no,
si preguntas por mi corazón,
te diré sin drama y sin pena:
ya ni me importa…
y si algún día vuelve,
ni cuenta me voy a dar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario