Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

lunes, 4 de agosto de 2025

Conjuro Mortal

 Porque las palabras correctas,

en el instante exacto,
pueden resucitar a un muerto…
o terminar de joder a una viva.
Osvaldo Salazar tenía razón.

Y tú lo sabías.
Maldito seas.
Sabías cómo pronunciar mi nombre
como si fuera oración…
o sentencia.
Sabías cuándo decir "te amo"
y cuándo decir "tranquila",
aunque no fueras a quedarte,
aunque no estuvieras tranquilo,
aunque "te amo" no significara nada.

Tu voz era magia negra,
y yo… yo era toda oídos.
Yo era la imbécil que creía en conjuros,
la bruja torpe que se tragó el hechizo
porque venía envuelto en saliva y promesas.

Las palabras duelen más que los golpes,
más que el frío,
más que las ausencias,
porque las palabras duelen
cuando aún están vivas en tu cabeza
a las tres de la mañana.
Porque tu maldita voz
me sigue repitiendo esas frases vacías
que sabías decir con exactitud quirúrgica.

"Confía."
"Estoy aquí."
"Te elijo."
"Siempre."
¿Siempre?
Qué palabra más perra.
Más traicionera.
Más asesina.

Y yo, con el alma hecha trizas,
buscando en cada sílaba
una excusa para no odiarte.
Buscando entre las letras
algún conjuro inverso que me devuelva la paz,
la dignidad,
la puta gana de respirar sin sentir tu nombre.

Porque sí, las palabras pueden ser conjuros…
pero también pueden ser cuchillas,
pueden ser veneno en copa dorada,
pueden ser disparos que no suenan,
pero atraviesan igual.

Y tú disparaste con cada frase bien colocada,
como quien lanza puñales con la precisión
de quien ya ha matado antes.
Y yo…
yo recibí todos esos malditos hechizos
con el pecho descubierto,
como si no supiera que la magia más letal
no se lanza con varitas,
sino con labios.

Y ahora estoy aquí,
reconstruyéndome con palabras propias,
porque con las tuyas ya no puedo.
Porque ya no me quedan velas,
ni altares,
ni rituales que me salven
de la maldición de haber creído en ti.

Así que escribo.
Escupo tinta.
Maldito conjuro inverso.
Poema de guerra.
Grito disfrazado de verso.
Porque si alguna palabra ha de tener poder,
que sea la mía.
La que me salve.
La que me levante.
La que me saque de esta tumba emocional
donde tu conjuro me dejó temblando.

Y si un día yo también aprendo el conjuro,
que tiemble el mundo,
porque no hay bruja más peligrosa
que la que sobrevivió a un hechizo de amor
que la quiso ver muerta.




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