Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

martes, 5 de agosto de 2025

Dudar También Era Amar

 La salud se convirtió en ley,

y amar a alguien como tú
comenzó a parecerme una enfermedad.
No porque dolieras.
No porque me hicieras daño.
Sino porque te amé con una intensidad
que no cabía en ninguna norma,
ningún manual,
ninguna idea de lo que debía ser
“saludable”.

Me dijeron que dudar era traición,
que lo sano era lo limpio, lo recto,
lo claro.
Pero ¿Cómo no dudar de algo
que me movía hasta los huesos?
¿Cómo no cuestionarme
si merecía sentir tanto,
si tu  … toda tu 
era lo más salvajemente real que me pasó?

Me enseñaron que la certeza es orden,
y yo era un caos contigo.
Un hermoso, cálido, brutal caos.
Porque te pensaba incluso dormida,
porque tu nombre me dolía en la lengua,
porque tu olor quedó metido entre mis costillas.

Me enseñaron que el amor es obediencia.
Que hay que portarse bien,
que no se ama con rabia,
que no se extraña con gritos,
que no se escribe poesía a quien ya se fue.

Pero yo te amo con todo eso.
Con rabia.
Con gritos.
Con poesía.

Sin duda, no hay lugar para la certeza…
—me dijeron—
pero yo dudé.
Dudé tanto que descubrí que el amor
no es una línea recta.
Es una herida abierta que canta.
Un espejo que no te devuelve,
pero te recuerda.
Un dios pagano al que le oré
mientras me desangraba por dentro.

Sin verdad, la libertad se desliza silenciosamente en obediencia…

¿Sabes?
Por obedecer, te perdí.
Por querer amar “correcto”,
te amé menos de lo que querías…
o más de lo que podías soportar.

Y entonces sí,
me quedé sin verdad.
Sin la tuya.
Sin la mía.

Solo me quedó esta fea libertad
de caminar por el mundo
sin el peso hermoso de tu risa,
sin la presión deliciosa de tu mano en mi cuello,
sin la certeza de que alguna vez fui tuya,
aunque sea por un segundo eterno.

Hoy escribo para confesar que dudar fue amar.
Que cuestionarte fue cuidarte.
Que irme no fue rendirme.
Fue intentar no destruirnos.
Y fallé.

Pero si pudiera volver,
me quedaría.
Con tus dudas.
Con las mías.
Con las nuestras.
Porque eso también era amor.

Porque tú…
fuiste la única enfermedad
que me hizo sentir viva.




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