Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

martes, 12 de agosto de 2025

Consejos que matan alas

 La gente siempre te aconseja

para que seas lo que quieren,
pero no para que seas feliz.
Te moldean con palabras dulces y manos frías,
como si supieran de tu hambre,
de tu sed,
de ese incendio callado que te arde en los huesos.

Dicen:
"Camina derecho, no te salgas del sendero",
pero su sendero es un pasillo estrecho
donde no cabe tu risa,
ni tu llanto,
ni tus sueños.
Te hablan de seguridad como si fuera amor,
te venden la calma como si fuera vida,
y no entienden que tu paz
no cabe en sus jaulas.

Siempre hay un dedo señalando lo correcto,
y nunca una mano sosteniendo tu libertad.
Te dicen qué vestir,
a quién amar,
cómo hablar,
cuándo callar.
Sus consejos vienen envueltos en cintas de moral,
pero pesan como cadenas.

Lo que nadie te dice
es que vivir de verdad
es romper la porcelana perfecta
y aceptar tus grietas,
bailar con tus sombras,
mojarte bajo tormentas
aunque arruines el peinado,
y caminar descalza sobre un suelo incierto
porque tu alma necesita sentir el barro.

La gente siempre te aconseja
para que seas lo que quieren,
pero no para que seas feliz.
Te quieren dócil,
te quieren predecible,
te quieren igual que ellos,
para que no les recuerdes
que hay otras formas de existir.

Pero tú —
tú no naciste para seguir instrucciones.
Naciste para incendiar calendarios,
para colgar tus fotos en muros prohibidos,
para besar con la rabia de quien ya no espera permiso.
Naciste para perderte mil veces
y encontrarte en mil versiones nuevas.

Que digan lo que quieran.
Que aconsejen, que opinen, que murmuren.
Tú sigue el ruido de tu propio pecho,
el temblor de tu propia piel,
la brújula rota que solo apunta a donde sueñas.
Porque la felicidad,
esa palabra que nunca está en sus consejos,
es un territorio salvaje
que solo se conquista
cuando dejas de vivir para ellos
y empiezas a vivir para ti.



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