Les juro que quisiera escribir cosas bellas,
pintar con palabras un cielo despejado,decirles que aún queda esperanza,
que todo dolor se transforma en flores
y que las pérdidas son semillas de luz.
Pero no puedo.
La traidora esperanza se burla de mí,
me susurra que mañana será distinto,
que la suerte espera tras la próxima esquina,
y yo, ingenua, le creo…
solo para despertar en este mismo abismo.
El mañana nunca llega.
Se disuelve como humo entre los dedos,
como un espejismo que se ríe de mi sed.
Y mientras tanto, el presente
se clava en mi pecho como un hierro incandescente,
un momento perpetuo que no se mueve,
un reloj sin manecillas que se burla de mi fe.
Nos decimos para calmar la herida:
“Mañana seré feliz,
mañana llegará mi día”.
Pero ese mañana es un fantasma,
un verdugo disfrazado de consuelo,
una mentira que solo prolonga
la agonía de no vivir como soñamos.
Aquí estoy, atrapada en este presente eterno,
rodeada de pérdidas que aún sangran,
de amores que se fueron sin despedida,
de frustraciones que me arrancaron las alas.
La oscuridad me rodea, espesa, interminable,
como si la luz hubiera olvidado mi nombre.
Y aunque quisiera decir que todo cambiará,
la verdad es que no sé si la luz
alguna vez
se atreverá a entrar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario