Es irónico, ¿verdad?
Hay quienes corren al mundo de los sueñoscomo quien se lanza al mar para apagar un incendio.
Allá adentro todo es más fácil:
nadie te rompe,
nadie te miente,
nadie te deja con las manos estiradas y el alma abierta en canal.
El puto paraíso acolchonado donde todo lo que falta… aparece.
Les funciona, maldita sea.
Se duermen como si la realidad no los escupiera cada día.
Y yo aquí.
Despierta.
Atrapada en esta trinchera mental
donde mi cerebro me grita:
“Ni se te ocurra cerrar los ojos, pendeja. No lo hagas.”
Porque allá… en el sueño…
ahí estás tú.
Tú,
con esa sonrisa que me jodía el corazón,
con esa forma de mirarme como si el mundo no ardiera.
Ahí estás tú,
entre sábanas blancas,
entre piernas enredadas,
tocándome como si no te hubieras ido,
como si no me hubieras dejado rota,
como si no me hubieras dejado a mí sola recogiendo los pedazos que rompiste con toda la intención del mundo.
Y sí, lo admito,
una parte de mí quiere quedarse ahí.
En esa mentira.
Dormir.
Volver.
Quedarme.
Pero mi mente no lo permite.
Me arranca.
Me jala del cuello como una perra desquiciada:
“Despierta, cabrona, que ahí no es.”
Porque sabe que si me duermo demasiado
me quedo para siempre.
Y no hay regreso.
Solo ese puto vacío tibio que parece amor pero es veneno.
Así que no duermo.
No puedo.
Me niego.
El insomnio ya no es un síntoma,
es un escudo.
Es mi coraza contra lo irreal.
Y sí, me jode.
Me sangra los ojos,
me seca el alma,
me hace hablarle a las paredes como si fueran testigos del crimen.
Pero al menos despierta, soy libre.
Libre de ti.
Libre de mí contigo.
Libre de la fantasía que me hace pensar que aún existes en ese rincón del sueño donde aún me amas.
Porque ya no me amas, ¿verdad?
Nunca lo hiciste.
Y me rompí igual.
Como una estúpida,
como una niña abrazando dinamita.
Así que no me digas que me relaje.
No me mandes a meditar.
No me hables de paz ni de cerrar ciclos ni de que el universo tiene planes.
¡Que se vaya a la mierda el universo!
¡Que se ahoguen los sueños!
Déjame aquí,
con mis noches largas,
con mis ojos abiertos como heridas,
con mi lengua seca de no nombrarte.
Déjame con mi insomnio,
que al menos él no me miente.
Él no me deja.
Él no me hace creer que esta vida de mierda
alguna vez fue buena contigo.
Porque si duermo, te vuelvo a ver.
Y si te veo, me muero.
Y si me muero,
ya no despierto.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario