Me convertiste en animal
y yo dejé que me miraras el almamientras lo hacías.
Me desnudaste
hasta el punto exacto
donde ya no había defensa,
solo fuego.
Me arrancaste la calma del pecho
y bebiste de mí
como quien no sabía
si estaba amando
o sobreviviendo.
Fui carne entre tus manos,
hambre en tu boca,
instinto sin nombre
contra la pared de la madrugada.
Nos hablamos sin palabras.
Tu voz no decía nada
pero me atravesaba
como si supiera
dónde romperme.
Me apretaste fuerte,
tan fuerte,
que confundí intensidad con eternidad.
Y yo…
yo jamás intenté romperte a ti.
Dejé que la lluvia nos volviera territorio,
que el tiempo perdiera sentido,
que la razón se quedara afuera
mientras nos devorábamos.
Fue pasional.
Fue visceral.
Fue brutal.
Y cuando te fuiste,
no arrancaste mi corazón.
Te lo llevaste entero.

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