No la vistas de blanco.
No le pongas tipografía delicada.
No la subas a historias
con música triste de fondo
y un filtro que vuelva dorado
lo que en realidad es gris.
No disfraces tu cobardía
detrás de frases lindas de post de Instagram
como “LA DECISIÓN CORRECTA”.
La decisión correcta no huele a abandono.
No deja a otra mujer
recogiendo los pedazos de su fe
con las manos sangrando en silencio.
La decisión correcta no se va
sin mirar atrás
mientras la otra
se queda sosteniendo promesas
como si fueran huesos.
Lo tuyo no fue valentía.
Fue miedo con buena redacción.
Fue terror a amar sin escapatoria.
Fue pánico a quedarte
cuando el amor dejó de ser euforia
y se volvió compromiso,
carne,
realidad.
Te vi escribirlo.
Con esa calma hipócrita
de quien ya ha decidido huir
pero quiere parecer heroína.
“La decisión correcta.”
Como si el dolor ajeno
fuera un daño colateral elegante.
Como si romper un corazón
pudiera citarse con estética minimalista.
No.
Fue cobardía.
Fue no soportar el peso
de lo que tú misma construiste.
Fue salir por la puerta de atrás
mientras dejabas la casa ardiendo.
Y yo…
yo fui la que se quedó
oliendo el humo,
aprendiendo a respirar ceniza.
No llames madurez
a tu incapacidad de quedarte.
No llames amor propio
a tu costumbre de huir
cuando alguien te ama de verdad.
Porque la decisión correcta
no necesita aplausos digitales.
No necesita hashtags.
No necesita convencer a nadie.
La cobardía sí.
Así que no,
no lo nombres noble.
No lo nombres sano.
No lo nombres necesario.
Llámalo por lo que es:
miedo.
Miedo a sentir.
Miedo a sangrar.
Miedo a amar
sin la garantía
de poder escapar mañana.
Y si alguna vez vuelves
con otra frase bien escrita
y los ojos llenos de argumentos,
recuerda esto:
la decisión correcta
no deja cadáveres emocionales
detrás de ella.
La tuya
sí.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario