Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

martes, 30 de septiembre de 2025

Capítulo IV – lo que fue

 Morí el día que dejé de tocar tu piel.

El resto ha sido teatro:
una función mediocre
para convencer al mundo de que vivo.

Cada sonrisa mía es un cadáver pintado.
Cada palabra, un eco falso.
Y yo, mujer de deseos prohibidos,
te sigo amando como si el amor
pudiera hacer que vuelvas .

Quizá un día Dios me escuche,
sople fuerte sobre mi pecho,
y me devuelva la vida que me arrancó tu abandono.
Quizá un día pueda recordarte
sin que me sangren los ojos.

Pero hoy… hoy sigo siendo
una pecadora que sufre por desear
volver al tiempo en donde estaba contigo.



Capítulo III – Mi Dolor No Te Deja Pasar

 Intento verte más allá del dolor,

pero el dolor es un muro sangrante.
Cierro los ojos y allí estás,
pero enseguida desapareces,
tragada por mi llanto.

Quisiera volver atrás,
a cuando tu risa era música,
a cuando podía mirarte sin sentir
este nudo en la garganta.

Ahora sólo soy ruina.
Un cuerpo que respira
mientras el alma se oxida en silencio.

Digo tu nombre y es cuchillo.
Sueño contigo y despierto en cenizas.
Tu ausencia es un espejo roto
donde apenas me reconozco.

Capítulo II – La Tumba en mi Pecho

 

Finjo que la vida continúa.
Camino entre la gente, sonrío a veces,
pero por dentro estoy hueca.

Parte de mí quedó enterrada contigo:
mi risa, mi color,
la luz que encendías en mis ojos.

En mi pecho hay una tumba,
y dentro, tu voz me llama en silencio.
Soy la sombra de la mujer que fui,
el cascarón de una alegría extinguida.

Miro al cielo y suplico:
«Señor, devuélveme su mirada,
devuélveme mi propia alma».
Pero la respuesta es un vacío
que me arrastra hacia a
dentro.

Capítulo I – Soy Pecadora de tu Nombre

 Soy una pecadora que sufre por desearte.

Tu recuerdo me arde en la piel,
y la culpa me muerde con dientes de hierro.
El deseo y la culpa me van a matar, lo sé.

Me sorprendo buscándote en la oscuridad,
como si pudieras volver con un suspiro,
como si tus manos aún pudieran sostener
este cuerpo que se deshace sin ti.

Caigo de rodillas, desgarrada,
y le ruego a Dios:
sopla, sopla vida en mis huesos secos,
devuélveme la mujer feliz que fui
cuando tus labios eran mi cielo.

Pero sólo escucho el eco hueco de mi llanto,
y me sé condenada a extrañarte.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Todavía me visita

 Yo sé que no debo estar con ella,

pero mi amor aún vuela cada noche
con un recuerdo suyo.

No lo controlo.
El cuerpo aprende rápido a despedirse,
pero el alma es terca,
se queda rezagada en las esquinas de la memoria,
allí donde nadie barre,
donde el polvo conserva huellas antiguas.

Éramos dos mujeres contra el mundo,
o eso creímos.
Dos voces que se buscaban en la penumbra,
dos manos que firmaban pactos en la piel.
Yo la amé como se ama lo imposible,
con un fervor casi blasfemo,
como si en sus labios estuviera escondido
el último sacramento.

Ahora ella se fue,
pero dejó encendidos los pasillos de mi mente.
Camino en la oscuridad
y sus risas se encienden como lámparas;
cierro los ojos,
y ahí está su perfume,
ese que nunca compré pero que sigo pagando
con cada desvelo.

Me repito que no debo,
que lo nuestro ya no es,
que ella aprendió a olvidarme
mientras yo sigo practicando el arte inútil de recordarla.
Pero la carne sabe lo que la voluntad niega:
que todavía tiemblo si alguien pronuncia su nombre,
que todavía la sueño en domingos interminables,
que todavía creo escucharla
cuando la ciudad se apaga
y la madrugada se llena de pasos invisibles.

La fe me grita que suelte,
el orgullo me ruega que cierre,
pero el amor, ese condenado,
me arrastra otra vez a la frontera del recuerdo,
me sienta frente a ella,
y me obliga a contemplar cómo sonríe
aun sabiendo que no es mía.

vivo así,
con un Dios que calla,
con una cama que sobra,
con un corazón que insiste en sembrar flores
en un terreno donde ya no germina nada.

Yo sé que no debo estar con ella.
Pero el amor nunca pregunta si debe,
el amor es un ladrón testarudo,
entra por las ventanas,
se esconde en los cajones,
me visita cada noche disfrazado de nostalgia,
aunque cierro puertas y quemo cartas,
él siempre encuentra un resquicio.

Al final,
no sé si es ella lo que extraño,
o la versión de mí que solo existía
cuando estaba en sus brazos.



Continua...

 Dale… sigue. Continúa. Sigue intentando callar esa voz que te susurra —no, que te escupe— que fracasaste. Que no supiste conservar lo...