Querido lector

Querido lector
Querido lector Permíteme tomarte de la mano y guiarte en este viaje, en la búsqueda del amor más puro, aquel del que tanto se habla cuando se menciona a Dios. Acompáñame mientras intento desentrañar el misterio de amarle por encima de todas las cosas, de descubrir en su reflejo la esencia de mi propio ser y, solo entonces, aprender a amar a quien quizás ha sido el más profundo anhelo de mi corazón. En medio de la ruptura, en la delicada danza de la metamorfosis, y a través de la inevitable evolución del amor, caminemos juntos con la esperanza de alcanzar, si no la perfección, al menos la más sincera expresión de ella.

jueves, 31 de julio de 2025

Semillas podridas y castillos de arena

 ¿Entiendes la ley de siembra y cosecha?

¿O solo plantas por inercia,
sin pensar si la tierra está viva o está maldita?

¿Sobre qué estás construyendo tu vida?
¿Sobre heridas mal cerradas?
¿Sobre promesas que suenan bonito pero no pagan renta?
¿Sobre gente que solo está mientras les conviene?

Dime, ¿sobre qué estás construyendo el amor?
Porque si es sobre el deseo,
eso se cae en cuanto llega el primer silencio incómodo.
Si es sobre el miedo a estar sola,
te vas a tragar migajas como si fueran banquetes.
Si es sobre esa idea romántica de "me va a salvar",
pues… que Dios te acompañe,
porque nadie rescata a nadie sin arrastrarse en el proceso.

Yo sembré con el alma una vez.
Y sí, brotó algo.
Creció una ilusión tan linda que daba sombra.
Pero el tronco era hueco,
y un día, con la primera tormenta,
se partió en dos como si nunca hubiera existido.

Y uno aprende.
A no confiar tanto en el terreno.
A no regalar agua a cualquier planta.
A ponerle nombre al abono, al veneno, al error.
A mirar bien si lo que crece en tu jardín es flor…
o solo maleza disfrazada.

Te lo pregunto a ti,
y me lo grito a mí cada noche:
¿Sobre qué carajos estás construyendo tus finanzas?
¿Sobre deudas que usas para fingir una vida que no vives?
¿Sobre envidias, comparación y compras impulsivas que llenan tu vacío por dos horas?

¿Y tus amistades?
¿Estás rodeado de gente que te construye…
o que solo te visita cuando se les derrumba su propio mundo?

A veces creo que todos estamos parados sobre un castillo de arena,
pero lo maquillamos con filtros, frases motivacionales
y fotos donde nadie ve el temblor en nuestras manos.

Yo amé.
Como se ama una utopía,
con fe ciega y los ojos vendados.
Y dolió.
Como duele una caída desde un lugar que tú mismo levantaste
con cada palabra que te tragaste,
con cada límite que ignoraste,
con cada alarma que decidiste silenciar.

Y claro… ahora uno se vuelve más inteligente.
Más fría.
Más práctica.
Pero no por sabia,
sino porque el corazón ya no quiere exponerse sin seguro médico.

El sarcasmo no es más que un escudo.
La risa cínica de quien ya no cree en cuentos
pero los extraña con rabia.
"Todo bien", dices.
Y por dentro piensas:
"Si vuelvo a amar, que sea con contrato, notario y salida de emergencia."

¿Entiendes la ley de siembra y cosecha?
Porque hay gente sembrando vacío
y esperando cosechar compañía.
Hay quienes siembran mentiras
y se sorprenden cuando todo lo que cosechan es soledad.
Y luego estamos nosotras,
que sembramos amor puro en tierra seca,
esperando milagros como idiotas.

Tal vez algún día aprenda.
O tal vez me vuelva jardinera de imposibles.
Pero la próxima vez,
antes de plantar,
me voy a preguntar:
¿Vale la pena lo que espero cosechar…
o solo estoy cultivando otra tragedia con nombre propio?



miércoles, 30 de julio de 2025

Los imposibles también duelen

 ¿Alguna vez has pensado en los imposibles?

No en los castillos flotando en la bruma de los sueños,
sino en los imposibles reales,
esos que olieron a hogar, a piel, a verdad momentánea,
y después se fueron como un tren que no miró atrás.

Alguna vez fuiste feliz, lo sé.
Con alguien, con algo,
con una risa que te vació los pulmones,
con un silencio que supo más que mil palabras,
con un abrazo que cerró guerras internas sin pronunciar una sola frase.

Y luego llegó el imposible.
Esa palabra maldita que pone un muro donde antes había un puente.
Esa certeza de que lo que viviste fue irrepetible,
no por magia, sino porque ahora tú ya no eres el mismo.

Ya no puedes reír igual,
porque aprendiste que la risa también tiene consecuencias.
Ya no puedes amar igual,
porque entendiste que el amor no siempre te salva,
a veces te deja peor de lo que te encontró.

Sí, puedes volver a enamorarte.
Claro que puedes.
Puedes volver a encontrar paz en otras manos,
a llenar vacíos con nuevas voces,
a inventarte una historia con otro guion.

Pero jamás será igual.
Porque ahora pesas cada emoción como si fuera mercancía frágil.
Porque ahora escondes el alma bajo siete capas de "me da igual".
Porque aprendiste a no confiar en el primer “te entiendo”,
a desconfiar del calor,
a negociar hasta los besos.

Y no es culpa de nadie.
Solo que algo dentro de ti murió en ese imposible.
Y no hay resurrección para ciertos tipos de inocencia.

Es horrible.
Saber que viviste lo más alto
y que ahora solo caminas con cuidado,
como si cualquier paso pudiera activar una mina emocional.
Saber que esa plenitud no regresará,
porque ya no te permites entrar tan hondo,
porque ya no das sin calcular,
porque ahora todo es contrato emocional con letra pequeña.

Sí, puede que alguien te ame más,
te cuide más,
te vea más.
Pero nunca será igual.

No por ellos.
Por ti.
Porque perdiste algo en el camino que ya no sabes cómo recuperar.
Y ese duelo es silencioso,
lento,
eterno.

A veces sonríes, y por dentro piensas:
"Esto está bien, pero no es aquello."
Y te odias un poco por compararlo,
pero el corazón no olvida.
Solo aprende a disimular.

¿Alguna vez pensaste en los imposibles?
Yo sí.
Los cargo a la espalda,
les hablo por las noches,
los nombro en mis poemas.
Y aunque sé que no volverán,
todavía les dejo un lugar en la mesa.
Porque hay ausencias que, de tanto doler,
se convierten en compañía.




martes, 29 de julio de 2025

¿A qué me aferro tanto...?

 Me aferro a la nada, a un reflejo difuso,

a la idea de ti que solo existe en mi mente,
al eco de tus pasos alejándose lento,
como quien no quiere irse… pero igual se va.

Me aferro a tus silencios disfrazados de calma,
a tus palabras vacías que yo llené de esperanza,
a las veces que tus ojos pasaron por los míos
como quien ve a un extraño sin reconocer el alma.

Me aferro a los gestos que inventé para ti,
a los besos que no diste pero yo sentí,
a la absurda manera en que tu indiferencia
la convertí en caricias dentro de mí.

Me aferro a tu sombra, a tu perfume fantasma,
a la costumbre de nombrarte en mis oraciones rotos,
a la ilusión de que un día, por error o por magia,
descubras que este amor no era de esos de pocos.

¿A qué me aferro tanto…?
A tus ojos que no me miran,
como si mirar doliera,
como si verme fuera un peso
que jamás quisiste cargar.

¿O me aferro a tu corazón que no es mío?
Ese que late sin saber que el mío se rompió
intentando seguir su ritmo.
Ese que no se enteró
que yo lo alojé en mi pecho,
entre ruinas, sin reclamos,
sin jaula, sin condiciones…
solo con amor.

Y aún así, lo dejé ir.

Lo dejé ir sin ruido, sin drama, sin rencor.
Lo envolví con cuidado en pedazos de mí
y lo solté al viento como quien suelta
al amor de su vida sabiendo
que nunca lo fue.

¿A qué me aferro tanto…?
Quizá ya no a ti.
Quizá solo al recuerdo
de lo que quise que fueras.



Te Amo Tanto Que Me Rompí Con Cuidado

 Te amo tanto

que cuando rompiste mi corazón
no grité,
no te culpé,
no recogí los pedazos con rabia.
Los tomé,
uno por uno,
como si fueran cristales sagrados,
como si al tocarte con la sangre de mi pecho
pudiera sanarte
en vez de desangrarme.

Te amo tanto
que cuando noté que te ibas
no te detuve.
Solo abrí las puertas
y barrí el suelo para que no tropezaras
con mi dignidad esparcida.
No dije “quédate”,
pero mi alma se quedó quieta,
como si el simple hecho de no moverse
hiciera menos real tu partida.

Te amo tanto
que cuando rompiste mi corazón
te saqué con tanto cuidado
para que no te lastimaran los bordes filosos
de mi tristeza.
Te envolví en mi ternura,
te oculté de mi propio dolor.
Y entonces,
cuando ya no había latido,
cuando el ruido de tu ausencia me perforaba los huesos,
te alojé justo en mi alma.

Ahí,
donde no hay manos que arranquen,
donde no hay cuchillos que corten,
donde no llegan los finales
ni los olvidos
ni las nuevas amantes.

Te amo tanto
que aún hoy te hablo bajito,
como si siguieras dormida en mí.
Te arropo con mis recuerdos,
te doy abrigo con mis lágrimas
y te canto las canciones que ya no puedes oír.
Te amo con la resignación
de quien lo ha perdido todo
y aún así guarda los restos
como si fueran reliquias.

Te amo tanto
que acepté vivir sin ti,
pero contigo.
Acepté que no volverás,
pero nunca te fuiste.
Acepté que me rompiste,
pero jamás dejé que te rompieras tú.

Porque te amo tanto
que preferí hacerme trizas
antes que devolverte el daño.
Y aunque sangro cada día
y respiro a medias,
aunque la vida me duela y me cueste,
sé que no te hice daño al salir de mí.
Y eso, amor,
es el único consuelo
que me queda.



viernes, 25 de julio de 2025

Ya me la estoy creyendo con toda

 De malas, hijueputa,

al que no sepa el fuego que cargo en el pecho.
Yo ya no estoy esperando el aplauso,
ni lamiendo migajas de validación ajena.

Me cansé de pedir permiso pa’ brillar,
de encogerme pa’ no incomodar,
de apagar mi luz pa’ no herir la vista de cobardes.

Ahora ando con la frente alta,
con las cicatrices al aire
y la boca llena de verdades que cortan.

¿Te molesta mi voz?
Pues jódete.
¿Te incomoda mi fuerza?
Te acostumbras o te apartas.

Porque yo ya me la estoy creyendo con toda,
con el alma rota,
el corazón parchado,
y la espalda sudada de tanto cargar con mi historia.

Yo, la que lloró sola,
la que oró gritando,
la que tocó fondo y se quedó a vivir un rato allá abajo,
volví.

No perfecta,
pero indomable.

Y al que no le cuadre,
que se haga a un lado…
porque vengo con toda.
Y esta vez,
no pienso frenarme porque  Dios esta conmigo.

jueves, 24 de julio de 2025

YA NO HAY DONDE METER EL ALMA

 Quiero salir corriendo,

pero ya no sé cuál es mi lugar seguro,
¿la cama?, ¿la iglesia?, ¿una cuneta?,
¿el maldito silencio donde nadie pregunta nada?
Estoy harta de las cuatro paredes que me vieron sangrar
mientras me decía frente al espejo:
“Aguanta, puta vida, que todavía no te mato.”

Me corre la rabia por la espalda
como un sudor frío lleno de recuerdos que me escupen en la cara, nadie entiende, nadie quiere entender, todos dan consejos baratos como si no costaran cicatrices.

Estoy gritando, por dentro,
con un nudo hecho de mierda y decepciones, de padres que no escuchan, de Dios que a veces parece sordo o ausente,
de promesas que se oxidaron colgadas en la garganta.

Ya no quiero seguir siendo la que espera, la que ama con el alma y recoge los pedazos, la que se viste de negro no porque le guste
sino porque es el único color que no grita.

Estoy harta de los abrazos por compromiso,
de las frases de Instagram que suenan como placebo,
de que me digan:
“Todo pasa, ya verás.”
NO TODO PASA.
Algunas cosas se quedan a vivir en el pecho
como cucarachas que te comen por dentro
mientras finges normalidad.

¿Dónde está el botón de apagado?
¿Quién diablos tiene el control remoto de esta existencia absurda
que me lanzaron sin manual de instrucciones
ni garantía de devolución?

Estoy rota,
pero no me rompo por completo
porque hasta para eso hay que tener permiso.
Hasta para rendirse hay trámites,
hasta para morir hay reglas.

Yo solo quiero un maldito rincón
donde no tenga que explicar por qué lloro,
por qué a veces no tengo ganas de existir,
por qué me cansa esta rutina de respirar.

Estoy llena de odio en forma de tristeza,
de una furia que se disfraza de apatía,
y de un amor tan profundo que me consume,
pero que nadie supo quedarse a ver arder conmigo.

No me digas que rece,
ya le hablé a Dios con todas las voces que tengo
y a veces siento que se hace el dormido.
No me digas que salga,
ya salí y el mundo allá afuera también apesta.

No me digas que me calme,
porque si me calmo me muero por dentro.
Y si me muero, ¿Quién carajos se va a dar cuenta?



miércoles, 23 de julio de 2025

Esperar !

 Un día me preguntaron qué era lo más loco que había hecho por amor.

Me quedé en silencio, pensando en todas las ridiculeces:
enviar mensajes a las 3 a.m.,
rogar como si me pagaran por ello,
hacerme la fuerte mientras me partía en pedazos,
o incluso comerme una pizza familiar yo sola para “calmar el dolor”.

Pero no, nada de eso era lo más loco.
Lo más insano, lo más estúpidamente heroico fue… esperar.

Esperar como idiota, como si el tiempo fuera un camarero lento
que me traería, algún día,
la atención de alguien que ni siquiera me había pedido la mesa.
Esperar mientras la vida me daba patadas,
mientras las canciones cursis sonaban como burlas,
mientras las noches eran más largas que mis ganas de seguir creyendo.

Ahí estaba yo, con mi fe digna de un cuento de terror,
aguardando milagros,
como quien espera que un ex vuelva cambiado,
o que un político cumpla sus promesas.

Eso es lo más loco que he hecho por amor: esperar.
Porque el amor debería llegar con fecha de caducidad
y con un cartel de advertencia que diga:
“Si esperas demasiado, te pudres como la leche abierta al sol.”



Lo que siento por ti trasciende…

 Lo que siento por ti no cabe en mis palabras,

no alcanza en los versos, ni en las miradas.
Es un huracán de emociones sin nombre,
una tormenta dulce que quema y me asombra.

Si pudiera arrancar del cielo las estrellas,
cada una llevaría tu nombre,
y el universo entero sería pequeño
para contener lo que por ti se esconde.

Eres el latido que rompe mi pecho,
la caricia que inventó el viento,
el motivo por el que mis manos
sueñan con tu piel a cada momento.

Te pienso tanto, que mi mente se desborda,
te amo tanto, que el alma no soporta
el peso de esta locura infinita,
donde tú eres principio… y fin de mi vida.

Aunque busque palabras, ninguna es bastante,
porque lo que siento por ti
trasciende lo humano,
y se convierte en eternidad
cuando pronuncio tu nombre
con un beso en mi voz.



martes, 22 de julio de 2025

Trampa

 ¿Y si esta mierda que llaman vida

no es más que una fila india hacia el olvido?
¿Una rutina pactada
donde te ponen un número,
te obligan a sonreír,
a servir,
a fingir que estás bien
cuando por dentro estás
HECHA MIERDA?

¿Y si toda esta farsa de "ser agradecido"
es solo el discurso cómodo de los que jamás
han sentido el piso tragarse su dignidad?

Agradece, dicen.
Agradece aunque tragues mierda,
aunque ames y no te amen,
aunque trabajes y no alcances,
aunque respires y aún así te ahogues.

¡Agradece!

Como si fuera un pecado mortal decir
que a veces esta vida no vale
ni el maldito esfuerzo de abrir los ojos.

¿Sabes qué jode más?
Que lo crees.
Te repites que debes seguir,
que hay algo más allá,
que tu dolor es pasajero,
que tal vez mañana…
pero el mañana llega
y es igual al infierno de ayer.
Y del anterior.
Y del otro.

Ahí estás tú,
con el corazón hecho trizas
y el alma suplicando una pausa,
y aún así,
te levantas.

¿Por qué?
Porque soñar es una droga que no sabes dejar.
Es tu última jodida trinchera
antes de rendirte del todo.
Aunque te arda,
aunque duela,
aunque sepas que estás soñando en vano,
te agarras a eso como a un clavo caliente,
porque es ESO o la nada.
Y la nada…
la nada te llama bonito.
Te susurra al oído.
Te promete descanso.

Sin embargo no vas.
¿Por qué no vas?

Porque este mundo, con toda su mierda,
con sus traiciones, sus injusticias,
sus puertas cerradas,
a veces, a veces,
te regala un destello:
un abrazo sincero,
un verso que te salva,
una canción que te recuerda quién eras,
una mirada que no juzga,
un atardecer que parece decirte “aguanta”.

Entonces, con los ojos llenos de rabia
y los puños apretados,
decides seguir.
No por optimismo.
No por fe.
No porque creas en los cuentos de hadas.

Sino porque te NIEGAS
a que esta vida de mierda
te arrebate también los sueños.

Porque ya te quitó tanto,
que si además te quita eso,
entonces sí,
te mata.

Así que sueñas,
aunque se burlen.
Aunque duela.
Aunque cada noche sientas que el alma
se te cuelga de un hilo fino.

Sueñas no por esperanza,
sino por rebeldía.

Sueñas con amor verdadero,
aunque el amor te haya escupido la cara.
Sueñas con lealtad,
aunque ya no confíes ni en tu sombra.
Sueñas con una familia
que nunca tuviste,
con una vida que nadie te enseñó a vivir.

Eso te hace peligrosa.
Te hace inquebrantable.
Te hace humana
en un mundo
que te quiere robot.

No estás bien.
Pero estás viva.
No estás feliz.
Pero estás despierta.

Y mientras estés despierta,
aunque llorando,
aunque rota,
aunque maldita sea,
todavía puedes soñar.

Ese sueño,
por más podrido que esté,
por más que huela a desesperanza,
es todo lo que tienes.
Y eso, amor,
eso es suficiente
para seguir.




Las abejas no lo saben


Dicen los hombres,
con sus reglas frías y exactas,
que algo tan pequeño y pesado como tú, abeja,
no debería cruzar el aire,
ni besar las flores con su danza dorada.
Dicen que no es posible,
que tus alas son débiles,
que el peso de tu cuerpo traiciona el vuelo.

Pero…
¡tú no lo sabes!

Y en esa ignorancia bendita
hay una fuerza que nadie entiende,
un coraje que ninguna fórmula puede encadenar.
Eres la respuesta a todos los "no se puede",
el grito vivo que rompe las leyes escritas por manos temerosas.
Cada vez que levantas tu vuelo imposible,
la gravedad se arrodilla,
la ciencia calla,
y el universo recuerda
que los milagros se fabrican con terquedad y fe.

¿Y sabes qué?
Así eres tú.

Cuando digan que no puedes,
cuando las voces se burlen de tus alas,
recuerda que el cielo no pregunta credenciales,
solo abre los brazos para los que se atreven.
Vuela aunque tiemblen tus alas,
aunque el viento te golpee,
aunque digan que no naces para el vuelo.

¡Vuela!
Porque nadie te enseñó las reglas,
porque tu alma, igual que la abeja,
sabe que la fuerza verdadera
es esa que nace cuando el mundo insiste en decir:
"no puedes".



viernes, 18 de julio de 2025

Toda una vida no alcanza

 Tengo tanto que decirte

que las palabras se me escapan como mariposas torpes,
chocando contra los cristales del tiempo.
Tengo tanto que contarte
que si la eternidad se hiciera carne,
igual me quedaría corta,
porque para nombrar tu belleza
se necesitaría inventar otro idioma,
uno hecho de suspiros,
de lunas enteras desveladas,
de caricias que se pronuncian con los ojos cerrados.

Todo lo que me resulta hermoso me recuerda a ti.
El amanecer, por ejemplo:
cuando el sol rompe la noche, pienso en tu sonrisa
rompiendo mis sombras.
Las flores, con sus pétalos tímidos,
son apenas imitaciones pobres de tus labios;
y el viento… el viento no es más que un eco torpe
de tu voz llamándome entre sueños.

Tú no eres un capítulo,
eres el libro completo que quiero leer una y otra vez
hasta desgastar sus páginas con mis dedos,
con mis besos, con mi vida entera.
Y si me preguntan qué es amor,
diré tu nombre con la certeza
de quien sabe que todo lo demás es ruido,
y que tú eres la melodía que le da sentido al mundo.

Quisiera coserme a tu piel,
fundirme con la luz de tus pupilas,
convertirme en refugio donde tu risa habite,
y ser, si me lo permites,
el último pensamiento antes de dormir
y el primero cuando despiertes.

Porque amar no es suficiente para explicar lo que siento.
Lo tuyo es otra cosa:
es una religión sin templos,
es un océano infinito donde me ahogo feliz,
es querer escribir tu nombre en cada estrella
y aún así saber que el cielo no alcanza.

Tengo tanto que decirte…
que todas las palabras se me hacen pocas,
que la vida entera se me hace corta,
que si me dieran mil años más,
seguiría buscando excusas para amarte.

Y si algún día la muerte me arranca de ti,
le suplicaré al universo renacer en otra piel,
para encontrarte de nuevo,
para volver a decirte, con la voz temblando,
que todo lo que me resulta hermoso…
me recuerda a ti.




jueves, 17 de julio de 2025

ME ARRANQUÉ EL CLAVO

 Me fui aún enamorada,

sí, me largué con el corazón sangrando,
con el veneno todavía en las venas,
con las rodillas rotas de tanto arrastrarme por tus malditos pies.

Pero me fui.
Porque, aunque doliera como un aborto del alma,
yo no nací para suplicar,
nací para mandar a la mierda lo que no me honra.

Sané sin reemplazarte,
sin buscar consuelo en brazos ajenos,
sin poner curitas sobre heridas que pedían cirugía.
Me curé a mordiscos, a golpes,
tragando la bilis de mi orgullo herido,
escupiendo pedazos de tu nombre
como espinas clavadas en mi garganta.

Saque el clavo con mis propias manos,
¡con estas manos que también saben estrangular demonios!
Me abrí la piel, metí los dedos en la carne,
arranqué el hierro oxidado que tú dejaste,
y lo tiré al piso, entre sangre y tierra,
mientras reía como una loca desatada.

¿Creíste que me ibas a quebrar?
¿Qué iba a buscar un reemplazo para olvidarte?
¡Que te follen!
Yo no cambio una herida por un parche barato,
yo no tapo huecos con cuerpos vacíos.
Yo me reconstruyo desde el fuego,
desde las cenizas,
desde el infierno donde otros se ahogarían llorando.

Y sí, me fui enamorada,
pero ¿sabes qué?
Ese amor que me arrancaba la piel
ahora me sirve para encender hogueras,
para prender cigarros con tu recuerdo,
para quemar tu fantasma hasta hacerlo polvo.

Hoy camino sola,
sin muletas, sin remiendos,
sin pedir permiso a nadie,
porque soy la jodida emperatriz de mi propio reino,
la que sangra y sonríe,
la que llora y luego se pinta los labios de rojo
para ir a conquistar el puto mundo.

Yo no nací para ser salvada,
yo nací para salvarme.
Y si alguien se atreve a volver a ponerme un clavo,
que sepa que lo arrancaré otra vez,
con mis dientes, con mis uñas,
¡con el alma si hace falta!
Porque yo no soy víctima,
yo soy tormenta,
yo soy fuego,
yo soy la perra bendita que no se deja matar,
la que convierte sus cicatrices en coronas,
la que manda al carajo todo lo que no merece su grandeza.

Así que sí, me fui aún enamorada,
pero volví siendo un maldito huracán. 
 


       

LO CONVERTÍ EN ORO

 Perdoné… pero no con las manos juntas,

perdoné con los dientes apretados,
con la rabia ardiendo entre los huesos,
porque entendí que mi odio era gasolina,
y yo no quería más fuego que el mío propio.

Solté… sí, pero no como esas almas blandas que hablan de paz,
solté arrancándome la piel,
desgarrando los hilos podridos que me ataban a la mierda,
tirándolos al piso, pisoteándolos con mis tacones negros,
mientras me reía como una loba que sabe que la selva es suya.

Lo entendí… pero no por sabiduría celestial,
lo entendí porque la vida me metió la cabeza en el barro,
me pateó los dientes y me dejó sin aire,
y ahí, escupiendo sangre,
vi con claridad brutal que todo lo que perdí
era basura que me estorbaba para volar.

Lo agradecí… pero no como santa,
lo agradecí maldiciando, gritando,
diciéndole al puto destino:
“Gracias por romperme, cabrón, porque ahora soy indestructible”.
Porque cuando me dejaron en ruinas,
yo construí un palacio con cada piedra que me lanzaron,
y ahora esas piedras son mi trono.

Y después…
lo convertí en oro.
No el oro suave que brilla en vitrinas,
sino el oro que se forja en fuego,
el que quema las manos de quien lo toca,
el que no se regala ni se comparte,
el oro que soy YO.

Porque, carajo, yo soy la alquimista de mi dolor,
la diosa que convierte la mierda en diamantes,
la reina que hace de las ruinas un imperio,
la perra que aprendió a ladrarle a la vida
y hacerla temblar cuando camino.

Ahora mírame,
mírame bien,
mírame con tu envidia pegajosa,
con tu odio disfrazado de consejos.
Me importa un carajo,
porque yo ya no camino,
yo floto sobre el fuego,
yo brillo como el sol después del apocalipsis,
yo soy la tormenta vestida de oro.

Perdoné, solté, lo entendí, lo agradecí,
y lo convertí en oro…
pero no por ti, ni por ellos, ni por nadie,
lo hice por mí,
por esta reina  bendita que ahora sonríe
con la boca llena de fuego y la piel hecha de gloria.




YO SOY LA MALDITA REINA DE LO QUE QUEDÓ

 Dios permite que pierdas lo que no sirve,

y yo lo entendí cuando la vida me arrancó de cuajo lo que creía eterno.
¿Dolió? ¡Como una puñalada oxidada en el alma!
Pero no me quebré.
Me tragué la sangre, me limpié las lágrimas con el dorso de la mano,
y me quedé sola, desnuda, sin nada…
y ahí descubrí algo:
soy más fuerte que todo lo que se pudrió a mi alrededor.

Perdí amores de cartón, amigos de papel,
ilusiones podridas que olían a mierda disfrazada de cielo.
Me dejaron hueca, vacía, con las costillas marcadas por el hambre,
con la garganta rota de tanto gritarle al silencio,
y aun así… seguí caminando.

¿Querías verme caer, destino hijo de puta?
¡Pues aquí estoy, erguida como una reina maldita,
con el cuello altivo y el ego ardiendo como fuego eterno!

Porque para encontrar lo que vale,
hay que quemar todo lo que pesa,
hay que prenderle fuego a las cosas falsas,
hay que reírte cuando el mundo intenta reducirte a cenizas.
Y yo me reí.
Me reí en la cara de la desgracia,
me cagué en la compasión ajena,
y me prometí que nadie,
me haría volver a arrodillarme por algo que no merezca mis malditos pies.

Hoy no me importan las pérdidas,

me importo YO,
porque yo soy la ganancia,
soy la jodida joya que quedó después del incendio,
soy la mujer que se mira al espejo y dice:
“Carajo, qué reina más cabrona forjaste en las ruinas.”

Así que sí, Dios, quítame lo insignificante,
desgárrame, rómpeme,
porque cada pedazo que pierdo
es un ladrillo más en el palacio de mi ego,
es un grito más en mi garganta que dice:
¡NO VOY A BAJAR LA CABEZA, JAMÁS!

Ahora, si alguien quiere venir a darme lástima,
que se ahogue con sus palabras dulces,
porque yo ya no como migajas,
yo me trago banquetes de poder,
banquetes servidos en la mesa que construí con mis propias entrañas.

Perdí todo, sí…
y por eso mismo,
hoy no tengo miedo a perder nada.

Porque lo que soy,
lo que arde aquí adentro,
lo que late con rabia en mi pecho,
no hay puta fuerza en este mundo que me lo quite.

Yo no soy víctima,
yo soy tormenta.
Yo no soy ruina,
yo soy imperio.
Yo no soy lo que me dejaron,
yo soy lo que jamás podrán arrebatarme:
MI BENDITA GRANDEZA.







miércoles, 16 de julio de 2025

NO BAJES LA CABEZA, CARAJO

 No bajes la cabeza por tu pasado,

que ahí, en el fango, fue donde te forjaste.
¡Sí! En cada cagada que hiciste,
en cada noche que te revolcaste con el error como amante,
ahí nació esta bestia que ahora se para de frente,
con la mirada altiva,
con las cicatrices como trofeos,
con el ego reventando costillas por dentro.

¿Te juzgan? Que coman mierda.
¿Te recuerdan tus fallos? Diles que los besen,
que tú no escondes tus ruinas,
las exhibes como arte maldito,
como reliquias sagradas de un templo hecho trizas
y reconstruido a gritos.

Todos se equivocan, pero pocos sobreviven a sí mismos.
Yo lo hice. Yo quemé mi vergüenza en un incendio de orgullo.
Me rompí, me escupí en la cara,
me odié, me insulté, me perdoné,
y me volví dios de mi propio abismo.

Así que no, no agaches la puta cabeza.
Levántala con la furia de quien ya no le debe nada a nadie.
Que si el pasado quiere hablar,
que hable...
yo tengo la voz más fuerte.



Esto es urgente


¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me vas a soltar por fin ese maldito “te amo”?
¿Será cuando estemos ebrios de hastío,
desnudos de orgullo,
arrastrando los huesos por el pasillo
como si amar fuera mendigar saliva?

¿Me lo vas a decir con voz temblorosa,
o con la boca llena de dudas,
como quien escupe algo que le da asco tragar?
Dímelo tarde, pero dímelo.
O no me digas nada y rómpeme el alma con honestidad.
Pero no sigas jugando a que esto no duele.

Esto es urgente.
No jodas.
Esto no es poesía,
es una bomba con la mecha encendida en el pecho.
Porque la eternidad se nos acaba,
y tú sigues calculando el momento exacto
para no sentirte tan vulnerable.

Yo ya me quité la coraza,
me arranqué las expectativas,
me sangré las ganas.
Ya estoy aquí, con el corazón hecho carne molida
y la esperanza colgando de un hilo oxidado.

¿Y tú?
Tú estás allá, tragándote las ganas,
jugando al fuerte, al frío, al que no siente,
como si el amor no fuera una puta guerra
que se gana desarmándose.

Dilo ya.
Con torpeza. Con rabia. Con miedo.
Con las manos temblando.
Dilo aunque suene a mentira.
Dilo aunque después te arrepientas.
Pero hazlo antes de que se nos muera la única verdad
que este mundo miserable tiene:

Que a pesar de todo,
nos amamos como dos condenados
que encontraron en el otro
una forma hermosa de joderse la vida.



martes, 15 de julio de 2025

Colores Que Nadie Quiso Ver

 

El amor empezó como un rosa suave,
casi piel, casi beso,

casi esa brisa que se cuela por la ventana cuando aún no sabes que va a llover.
Era leve, dulce, casi invisible,
hasta que se convirtió en un rojo intenso,
violento, denso, casi sangre.
Un rojo que no acariciaba,
quemaba.
Uno de esos colores que no se borran de las paredes,
ni de las sabanas,
ni del pecho.

El odio llegó después,
con su negro grueso,

puro alquitrán emocional.
No entró de golpe, no.
Se filtró como humedad.
Lento.
Silencioso.
Hasta cubrirlo todo.
Hasta apagar incluso el rojo.
Porque el odio no necesita volumen.
Solo necesita que dejes de amar.

La tristeza era azul,
pero no azul cielo,
sino ese azul profundo de las 3 a.m.
el de los mensajes no respondidos,
el de los “te extraño” nunca dichos,
el azul que sabe a sal y a almohada mojada.
Ese azul que no brilla.
El azul que pesa.

La resignación era gris pálido,
como la cara de alguien que ya no espera nada.
Como una pared sin cuadros.
Como la voz que dice “estoy bien” sin fuerza.
Un gris que no grita ni susurra.
Solo existe.
Como una sombra que ya no quiere asustar.

El miedo era un amarillo enfermizo,
casi bilis, casi fiebre.
El miedo tiene manos frías
y un aliento ácido.
Se sienta a tu lado en la cama
y te dice que no salgas,
que no hables
,
que no intentes.
Y tú le crees.
Porque ese amarillo,
aunque feo,
te da una idea de control.
Y el control a veces se disfraza de seguridad.

La rabia era naranja volcánico,
mezcla de fuego con vómito,
como una explosión en medio de una cena familiar.
Una que nadie ve venir,
pero todos sienten.
Una que sale cuando ya no puedes más,
cuando todo lo callado se convierte en lava.
Cuando dejas de llorar
y por fin rompes algo.
Incluso si ese “algo” eres tú misma.

La ternura, cuando aún existía,
era un blanco sucio,
no puro, no perfecto.
Un blanco como el de una camisa manchada con café.
Imperfecta.
Real.
Como el abrazo torpe de alguien que no sabe abrazar
pero lo intenta igual.
Y ese intento
vale más que todas las palabras limpias del mundo.

La esperanza era verde limón,
pero de esos que arden en la boca.
Un
a promesa que duele cuando entra.
Una chispa que alumbra poquito,
pero que si la soplas con fe,
quema.

La decepción era un morado sucio,
tirando a cadáver.
El color de lo que alguna vez fue flor
y ahora es polvo.
El de los “yo nunca te haría eso”
convertidos en “fue sin querer”.
Un morado que se arrastra,
que se mete en los huesos,
que te susurra al oído:
"te lo advertí."

El perdón, si es que existió,
fue
beige deslucido,
como una pared recién pintada sobre humedad vieja.
No tapa nada.
No cambia nada.
Solo maquilla.

La fuerza, la de verdad,
era un rojo oscuro con vetas doradas,
el color del corazón remendado con rabia,
el de los pasos dados con miedo pero sin pausa.
El de las cicatrices en el pecho,
el de las uñas rotas de tanto resistir.

Y yo… yo soy un cuadro incompleto.
Pintado con todos esos colores.
Manchado, corrido,
con trazos violentos y zonas vacías.

Pero mío.

Un caos cromático que nadie quiso colgar,
pero que yo me niego a borrar.




Irrepetible, aunque te joda

 Sí, ya lo sé.

"Todos somos reemplazables."
¿Y? También hay millones de ratas,
y ninguna caga igual que la otra.

Puedes encontrar otro cuerpo,
otra sonrisa en descuento,
otra voz que repita frases lindas.
Pero no a mí.
No este caos fino,
no esta forma exacta de joder con estilo.

¿Quieres que me calle?
¿Qué desaparezca y no se note?
Pobre iluso.
Yo no me repito como pan de molde.
Soy edición limitada con veneno incluido.

Habrá quien haga lo que yo hacía,
pero no como yo lo hacía.
No con esta mezcla exacta de luz y mierda,
de heridas abiertas y carcajadas obscenas.

Así que sí,
pon a otro en mi lugar,
dale mi silla, mi puesto, mi nombre,
que igual no te va a alcanzar ni con manual de instrucciones.

Porque podrás borrarme,
pero igual no te vas a olvidar de mí.
Y eso, amor,
es lo que me hace irrepetible.



lunes, 14 de julio de 2025

Querida, Recuerda

 Querida,

recuerda que cada día que te levantas,
aunque el mundo pese como un luto,
aunque el alma no grite pero tampoco cante,
cuenta.

Sí, cuenta…
cuando te bañas y limpias el polvo de ayer,
cuando eliges un desayuno, aunque sea poco,
cuando te aplicas crema en el rostro
como quien bendice una herida que aún no cicatriza.

Eso también es victoria.

Cada gesto, cada elección diminuta,
es un ladrillo más
en la gran construcción que eres.

Porque tú,
aunque aún no lo veas en el espejo,
no eres ruina:
eres templo en proceso,
columna que resiste,
obra viva de lo que un día será un monumento.

Querida,
no te exijas ser terminada.
Las grandes estatuas se tallan con tiempo,
y tú aún estás aprendiendo
dónde va cada golpe
y qué mármol duele menos.

Solo no detengas tus manos.

Sigue.

Aplica la crema.
Lava tu rostro.
Aliméntate.
Respira.

Que eso también es construir.
Y tú estás naciendo,
mientras el mundo aún duerme.



Cuando Dios Guarda Silencio

 Me dijiste que lo amabas,

y aun así te dejó sin pan y sin abrigo.
¿Dónde estaba Él, cuando temblabas?
—En el mismo sitio que cuando reías conmigo.

Dijiste que el cielo hablaba,
pero yo solo escuché el eco de tu llanto.
Te quedaste con las manos llenas de nada,
con la fe como un cuchillo,
y el alma como un campo santo.

Te rompieron en Su nombre.
Te partieron con versículos bien puestos.
Y aún así, sigues esperando…
como si el amor llegara siempre
en forma de tormento.

Continua...

 Dale… sigue. Continúa. Sigue intentando callar esa voz que te susurra —no, que te escupe— que fracasaste. Que no supiste conservar lo...